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Es una cálida noche de verano. Estoy caminando por las desiertas calles de la ciudad. De
pronto, vuelve a mi memoria el recuerdo de aquella chica que supo cautivar mi corazón.
La conocí en una noche como esta; calurosa y despejada, apenas refrescada por una
suave brisa que soplaba del oeste; sin duda, una noche perfecta que se prestaba para el
romance.
Yo estaba en la playa mirando el majestuoso cielo que adornaba la noche. No sé por qué
bajé sin querer los ojos y la vi.
Parecía increíble pero estaba allí... frente a mí... mirándome; tan hermosa, tan
deslumbradora.
Aún hoy me pregunto por qué me ocurrió. No sé si fue el destino, o simple designio del
amor; pero me invadió un sentimiento que no había experimentado jamás; un
sentimiento que me estremecía, y que me llenaba de felicidad al mismo tiempo; un
sentimiento que me costaba descifrar; pero que al fin pude comprender: era amor... por
absurdo que parezca decirlo, por tonto que pueda llegar a ser creerlo, ¡era amor!, ¡amor
a primera vista! Algo en lo que antes de ese suceso me resistía a creer; y justamente por
esa razón, es que hoy me parece increíble que me haya pasado algo así.
Una vez superada aquella sensación de perplejidad que me provocó el descubrimiento
de este nuevo sentimiento que me asaltaba, luego de estar contemplándola un largo
tiempo sin pronunciar palabra alguna, me atreví a saludarla; ella correspondió
gentilmente mi saludo y entablamos una cordial conversación.
Nos pasamos un largo rato charlando, como dos grandes amigos.
Pero yo, estaba completamente cautivado por su belleza. No podía dejar de mirarla.
Cada vez se me hacía más difícil reprimir las ganas de confesarle que la amaba, que por
más descabellado que pareciera, estaba enamorado de ella.
Se había hecho ya muy tarde, y nosotros seguíamos conversando. Finalmente junté algo
de valor, y la invité a una disco.
Allí, mientras bailábamos le confesé mis sentimientos. A partir de aí, todo se volvió
mágico; en sus labios, perdí totalmente la noción del tiempo y el espacio.
ambos pasamos una noche inolvidable. tal vez no lo crean, pero la amé; la amé con locura.
Al llegar el alba, nos despedimos y nuestra historia de amor terminó allí; nunca más la
volví a ver.
Son las dos de la mañana; después de tanto caminar, llegué por fin a aquella playa donde
la conocí, y donde por tantas noches posteriores a aquella que me marcara para siempre,
evoqué como ahora su recuerdo. En medio de tanto silencio, el susurrar del viento y las
olas trae de nuevo a mis oídos, la dulce melodía de su vos.
Autor: González Alexis