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Salón de Lectura

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Angeles Navarro

El juego del Destino.

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No te imaginas cuanto te agradezco el que me obligases un poco a salir de
casa. Tu no lo sabías, pero en aquellos días, yo pasaba por un tormento de
horas bajas, cuando plantándote ante mi dejaste caer como la cosa más
natural del mundo.

No podemos terminar esta relación antes de empezarla.

Seguiste parloteando, mientras yo inmóvil, trataba de procesar lo que me
estabas diciendo sin conseguirlo, pues mi pensamiento navegaba muy lejos.
Por fín, pude articular, un,

Perdona, ¿que es lo que quieres?

Y tu comenzaste otra vez, a desgranar tu discurso. Unos minutos más tarde
estábamos sentados en el primer bar que encontramos en el boulevard Saint
Germain. ¿Te acuerdas? Después me explicaste que ese día habías jugado al
"Destino". Al mirarte asombrada me explicaste que el juego consistía en
proponerte a ti mismo alguna cosa y seguirla sin titubear. Ese día habías
decidido como juego, abordar a la primera mujer que llevase un libro en las
manos. Esa mujer fui yo. No se como me convenciste, pero lo cierto es que
estaba sentada contigo, escuchando tus palabras sin articular sonido alguno.
No se bién lo que me contaste, pero recuerdo que me hiciste reír, o tal vez
fue el efecto del Zinzano que tomamos, lo cierto es que cuando me propusiste
que para conocernos mejor, tendríamos que repetir los encuentros en las
sucesivas semanas. Asentí como si fuese la cosa más natural del mundo. La
cita sería a las dos de la tarde, todos los martes. Nos presentamos
correctamente, pues ni siquiera nos habíamos dicho nuestros nombres. Tu
dijiste llamarte Patric y yo Lilianna. Aquella noche al entrar en mi
estudio, los nubarrones, me parecieron menos negros.

Durante las semanas que siguieron, recorrimos todos los puntos turísticos de
la ciudad, ya que estando en verano, París se queda desierto, y no
encuentras nada abierto, si no es en los lugares donde se aglomeran los
turistas.

Al cabo de cuatro semanas, yo ya sabía que aquello no nos conduciría a nada
positivo. Eres muy amable y divertido, pero muy poco profundo, y esa forma
de ser no va conmigo. Yo soy un poco rarita. tenía decidido decirte que
habíamos llegado al límite, pero tu actitud hacia mí, no exenta de interés,
me hacía titubear. Me salvaste, al tomar la iniciativa y decir lo mismo que
yo había pensado, solo que añadías otro juego, el cual consistía en dejar
pasar, quince días, al cabo de los cuales, tendríamos que encontrarnos,
completamente por azar. Eso significaría que estábamos hechos el uno para el
otro, y continuaríamos nuestra especie de romance. ¡Encontrarnos por azar en
París!, entre tantos millones de habitantes, Era aleatorio. A menos que...
Me paré a pensar, y mi lógica me llevó a la tuya. Quise constatar que lo que
había pensado, era cierto. "Todo criminal vuelve a la escena del crimen".

¡¡¡Et voila!!! Ahí estás en la terraza del primer bar en el que estuvimos
sentados el día que nos conocimos, ubicado de tal forma, que podrás verme
llegue por donde llegue. Solo que yo no iré. Estoy detrás de tí. Puedo ver
tu cabeza y tu espalda, pero tu no puedes verme, pues estoy lejos, escondida
detrás de una esquina. Cuando te canses de esperarme, achacarás al Destino
que no nos hayamos encontrado yquiero pensar que seguirás tranquilo tu
camino. Con el aire te mando un beso y ¡mil gracias!. Desde que te conocí se
disiparon poco a poco los negros nubarrones.





Me vuelvo rápida, dispuesta a continuar sola mi vida, y me tropiezo de
bruces con alguien. Me aparto hacia un lado para dejar pasar. El hombre
joven, hace el mismo movimiento que yo. Nos volvemos a encontrar frente a
frente. Vuelvo hacia la izquierda, i allí está él también. Una carcajada
sonora nos sacude. Coge mi mano con la suya delicadamente para que no me
mueva, sin dejar de reír, se inclina con exagerada cortesía, mientras con la
otra mano, hace un gesto galante para cederme la acera. Doy un paso,
mientras sonriendo inclino un poco la cabeza, dándole las gracias. Continúo
andando un pequeño trecho. Me paro bruscamente. Al volverme, veo que todavía
sigue en el mismo sitio. No cesa de sonreír, ni de mirarme. Inicia un
movimiento hacia donde estoy. Lo espero. Al encontrarnos otra vez frente a
frente, me oigo decir para mi sorpresa, "no podemos terminar esta relación
antes de empezarla".

Angeles


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