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Salón de Lectura

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Angeles Navarro

EN LA NOCHE DE SAN JUAN

Estaba en la cocina terminando de preparar los últimos detalles de el
conglomerado de cosas que necesitaba poner dentro de las bolsas de
deporte. No quería olvidar nada. Sería la primera noche para él, su
primera noche y tenía que ser casi perfecta. Estaba tan ilusionado, y se
lo había pedido tantas veces, que ahora que el momento había llegado ella
no quería desilusionarlo. Deseaba que resultase maravilloso.

Todo estaba ya listo, solo tendría que cerrar las cremalleras.

Miró a su alrededor y constató que no quedaba nada de lo que momentos
antes había esparcido por la cocina. Los cuatro vasos, las dos jarritas
termo, y mentalmente pensó que no se había olvidado de nada.



Estaba nerviosa, solo había oído su voz por teléfono anunciándole su
llegada esa misma noche, que tenía muchas ganas de verla y de abrazarla,
que estaría en su casa justo a la hora prevista, que no se preocupase por
nada, que un amigo que venía con él lo acompañaría hasta allí.



Ella casi no había pronunciado palabra, solo unas frases para decirle que
ella también tenía ganas de verlo, y para asentir a cuanto él le
proponía, pues el tiempo les vendría muy justo, que ya charlarían a su
llegada.

Era casi la hora.

Corrió ante el espejo y sus manos temblaban un poco mientras arreglaba
sus cabellos con los dedos. Llevaba el pelo corto, los tenía de color
castaño claro y rizado, solo dos o tres centímetros por debajo del
nacimiento del pelo.

Dió unos tironcitos a la blusa blanca y suelta que lucía encima de unos
pantalones también blancos. Ajustó el escote, el cual dejaba entrever la
parte superior de sus hombros. Dió media vuelta hacia la derecha, otra
hacia la izquierda y pensó, que su atuendo estaba en orden.

Pulverizó con un poco de perfume su pelo, los hombros y su cuello, un
poco más en los brazos, y las manos. Estaba lista.



Se dirigió hacia el salón, a esperar, cuando el timbre de la puerta sonó.
Era el mismo sonido de siempre pero, en esta ocasión pareció que
repiqueteaba con más estridencia y su corazón se puso a palpitar con
fuerza.

Corrió hacia la puerta ajustándose las sandalias, y la abrió, lo más
lentamente que pudo, para que no se notase su azoramiento.



Preguntó, ¿Carlos?.

El, a modo de respuesta, preguntó a su vez,

¿Lis? Al mismo tiempo que alargaba los brazos, dándole a entender que la
esperaba allí.

Entonces ella, fue, a refugiarse en ellos, y apoyando su mejilla, contra
la de él, dijo bajito. Hola Carlos, e iniciaba un paso para retroceder,
cuando él, la atrajo hacia si otra vez, y apretándola contra su corazón,
murmuró.

¡Hola mi niña presiosa! Mientras, su perfume, llegaba hasta él,
inundándole.

Ella se apartó de su lado. El le dijo observador,

¡Eres muy alta!.

Si, respondió. Veo, que te has vestido como te pedí. yo también voy de
blanco. Mira, le dijo, mientras daba dos vueltas sobre si misma, sabiendo
que él no podría verla, impulsada por su nerviosismo. Todo su cuerpo reía
de felicidad.

¡Te ves muy linda!, dijo Carlos.

Fué hacia él, le dió un rápido beso en la mejilla, mientras le decía.
Vamos, o llegaremos tarde.

Lo arrastró hacia la cocina. Cogieron las bolsas, y unos minutos más
tarde tomados de la mano desembocaban en La Explanada.



Lis empezó a explicar:

Ya estás en el famoso paseo de Alicante. La Explanada. Este paseo es muy
amplio y está situado paralelo al mar. Nosotros lo iremos remontando
hasta llegar a las playas, que es donde vamos, así como toda esta gente
que oyes a tu alrededor.

El paseo, continuó ella, está bordeado de altas palmeras, y sus palmas
son tan enormes que casi se juntan, formando una bóveda, inmensa,
¡¡¡preciosa!!!, que durante el día nos protegen un poco del sol, y
siempre siempre, al mecerse sus ramas con la brisa del mar nos sirven de
abanicos, que nos hacen más suave el calor. El suelo está hecho con
pedacitos de mármol que aglutinados entre si, forman las olas del mar.
Unas son rojas, otras blancas , azules otras, que están combinadas con
tanta gracia que producen una sensación de frescor, que me extrañaría que
tu no notases.

El asentía apretando de tanto en tanto suavemente su mano, sin perder una
palabra de lo que le decía.



Siguieron andando mezclados entre el gentío que cada vez era más numeroso
y que caminaba en su misma dirección. De pronto ella dijo,

Espérame un momento, no te muevas.

Volvió casi enseguida, anunciando.

Ya tenemos horchata.

¿Que es eso?, preguntó él.

Ya te lo explicaré más tarde. Ahora continuemos andando o no vamos a
encontrar sitio.

Un poco más adelante Lis hizo que se parasen otra vez.

Me estoy mojando!, ¿Está lloviendo? preguntó él.

No,contestó dulcemente, Estás delante de una enorme fuente, que dirige
sus chorros a bastante altura, formando palmas, y que la brisa del mar
trae hasta aquí, es su manera de darte la bienvenida, para hacerte más
liviano el calor.

Carlos sonrió feliz.



Al final pisaron arena y fueron adentrándose entre la multitud, hasta
encontrar un rinconcito apartado a la orilla del mar.



¿Y ahora?

Pues ahora mi mexicanito vamos a cumplir todos los ritos paganos y
cristianos que se entremezclan en la mágica noche de San Juan. La gente
que está a nuestro alrededor comienza, a encender sus hogueras. Nosotros,
también vamos a tener la nuestra.

Lis empezó a buscar en las bolsas que habían traído, y sacó unas velas de
colores, que fué poniendo entre las manos de él, mientras decía,

Mira, esta vela que es más grande que las demás es de color rojo, como el
amor, presidirá el conjunto. Estas tres más pequeñas son, las que van a
simbolizar, una verde la esperanza, otra azul, el cielo y el aire, esta
blanca la luz y el mar. Mientras le decía los colores de las velas y las
ponía entre sus manos, él le cogía los dedos y depositaba en ellos un
beso que la hacía sonreír.

Ahora vamos a unirlas todas con esta cinta amarilla que simboliza la
tierra, y ya tenemos, nuestra hoguera.



Prendieron las velas y las dejaron a un lado cerca de ellos, y la luz de
las llamas creó un ambiente de intimidad que los alejaba un poco de la
gente que bullía por todas partes.





Seguro que tendrás hambre. ¡Vamos a cenar!.

¿Cenar? ¡Eres increíble!.

Toma, dijo, mientras ponía entre sus manos un paquete y añadía, son, dos
tajaditas de pan de paisano, entre las que he puesto, un hilillo, de
aceite de oliva, tres rodajitas de tomate y , jamón serrano en lonchas
finas. Ahí Tienes también, un vaso de sangría, con fruta, dentro. Pero no
bebas demasiado, que entra sin sentir, de lo fresquita que está, pero,
que explota en el interior, sin que uno se de cuenta.



Empezaron a comer y beber. A él le parecía todo estupendo y ella estaba
disfrutando de verlo tan a gusto.



Comenzaron a charlar de todas las preguntas que les venían a la mente, y
que tanto tiempo estaban queriendo saber el uno del otro. Y reían y reían
sin parar, tan cómodos se encontraban juntos.

Bebieron de postre horchata fresquísima, con "fartóns", y el tiempo
pasaba sin darse cuenta.

¿Has traído tus papelitos? preguntó ella.

El, sacando un puñadito de papeles doblados, se los mostró.

Aquí están.

Los míos también. Quememos primero todos los que contienen sucesos
desagradables pasados, que queremos olvidar.

Así lo hicieron.

Después empezaron con los de los deseos que querían que se cumpliesen en
ese año.

Los restos de las cenizas, se levantaban suavemente, impulsados por el
aire, haciendo deliciosas piruetas que se perdían en la noche.

Carlos empezó a decir,

Mi deseo es...

Lis poniéndole la mano sobre la boca le dijo,

No digas nada, nada. Si lo desvelas, tu deséo no se cumplirá.



La gente bullía a su alrededor. Unos cantaban acompañados de sus
guitarras, otros haciendo palmas, los más numerosos acunados por su
propio entusiasmo.

Se oían cohetes por todas partes. Alborozo de una noche diferente a las
demás. Era la noche mágica de San Juan.



El preguntó de pronto, ¿De que color son tus ojos?.

Ella titubeó unos instantes. Pues...ya se...Son de color de la miel con
pintitas verdes. Es como si tomaras una cucharadita de miel, con una
rodajita de kiwi...Pues así son.



Ahora mi mexicanito, ha llegado el momento más importante de toda esta
magia. ¿Has traído tu bañador puesto?

Si, contestó.

Ahora vamos a quitarnos la ropa, y tomaremos el baño de media noche. Este
baño va a purificar nuestros cuerpos y nuestros espíritus para comenzar
un nuevo año completamente límpidos.



El mar estaba totalmente en calma. Apenas, se oía, el murmullo de las
olas. tanta era su serenidad.



Lo primero que hicieron, fue buscar sus manos, y muy cerca el uno del
otro, emprendieron despacio la marcha hacia las aguas, con una solemnidad
imprevista.

Se adentraron en ellas sin decir palabra.

Lejos de la orilla, se pararon unos instantes, y Lis explicó

Es como en un conjuro, hasta la luna ha venido a la fiesta. En estos
momentos, está encima de nuestras cabezas, como dándonos su bendición.



Se colocaron uno frente al otro,cogidos de las manos y se sumergieron en
el agua tranquila.

Al emerger a la superficie, Carlos, la abrazó, sintiendo la armonía de su
cuerpo casi desnudo. Le pidió, ¿Puedo tocar tu cara para saber como
eres?.

Ella asintió.

El con sus manos, y con la punta de los dedos empezó a recorrer, su
frente, sus ojos, sus mejillas, y sin brusquedad, buscó sus labios, y
depositó en ellos, un beso, suave y mojado...



De pronto un siseo, y enseguida, un enorme estallido, hizo temblar las
aguas. Un griterío inmenso se unió al estruendo colosal.

El se asustó, y cobijándola instintivamente, preguntó. ¿Qué ocurre?.

Ella lo tranquilizó diciendo,

No es nada, tranquilo, es que de esa forma anuncian el comienzo de los
fuegos artificiales.

Inmediatamente, se oyó el siseo de los cohetes subir hasta las alturas.
Una explosión invadió el firmamento, tachonándolo de palmeras de todos
los colores. culebrinas que aparecían y desaparecían, pececillos azules,
blancos, y de flores de todas las formas...

Lis, le iba explicando todo lo que sucedía con minuciosos detalles.



Cuando los fuegos de artificio se terminaron, siguieron jugueteando
alegremente con las aguas. al cabo de un momento, empezaron a tener frío,
al levantarse, el airecillo de la madrugada. Esta circunstancia, los
hizo, abandonar el mar, a toda velocidad. Se secaron y vistieron deprisa.
Recogieron minuciosamente sus bártulos. Encaminaron tranquilamente sus
pasos, hacia La Explanada, cogidos por la cintura.

Lis preguntó, ¿Estás contento?.

El, ciñéndola un poco más hacia si, asintió sonriendo.



Era, su primera noche de San Juan.



Siguieron andando mezclándose entre el gentío, perdiéndose en él.



En el horizonte, los primeros rubores del alba, anunciaban un
esplendoroso y cálido día. Un día, que dejaría una marca indeleble, en el
transcurrir de sus vidas.



Y desde un corro lejano se oía cantar...



¡¡qué le voy a hacer, si yo, nací en el Mediterráneo.

Angeles Navarro


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