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La tarde comenzaba a caer en los páramos que rodeaban el gran muro. La estructura que se extendía a lo largo de cientos de kilómetros, proyectaba su ominosa sombra eclipsando los últimos rayos del sol y espesando la oscuridad en torno a la figura que se movía sigilosa entre los árboles.
Era la misma figura que a lo largo de varias semanas, había recorrido de sombra en sombra más de un kilómetro del amenazador muro, para llegar a uno de los fortines abandonados después de la guerra de los nueve años, sitio que sin lugar a duda, pertenecía a uno de los grupos de rebeldes de la septocracia feldariana.
Los rebeldes que habían convertido estos torreones como base para las operaciones de resistencia, esperaban ya la llegada de la princesa Susann; una de las salvajes que impulsaba el movimiento contra el gobierno feldariano, y que en los últimos tiempos se había convertido en una de las principales dirigentes, gracias al apoyo que aportaba a los relegados.
En incontables ocasiones, fue ella quien llevó a los caudillos víveres para no morir de hambre, quien tuvo en sus manos la salvación del movimiento al llegar inesperadamente en el momento crucial de alguna querella, quien con su hermosura, su simpatía y audacia mantenía a varios de los grupos de rebeldes unidos bajo una misma bandera. Todo ello sin esperar nada a cambio de estos hombres sometidos y sin anteponer su condición de salvaje, misma que le fue otorgada cuando su pueblo expulsó a los septócratas feldarianos de los bosques del otro lado del muro.
Dos pequeños golpes en el portón, seguidos de un rasguño prolongado y una espera antes de repetir los dos toques; eran la contraseña establecida para que el guardia en turno quitara la barra de protección y abriera la pesada puerta de hierro.
-¿Princesa Susann?
-Si, joven soldado, la misma. –Respondió una dulce Voz.
-OH…. Disculpe usted, adelante, adelante. Ya sabe, hay que tomar precauciones; además ya empezábamos a temer que no viniera esta noche, las cosas se han puesto difíciles con Fineash, parece que una de sus guarniciones fue liquidada y Finnel esta un poco contrariado con la forma en que irrumpieron en el fuerte esta tarde los supervivientes.
-Vaya, esas no son buenas noticias, pero no veo cual es el temor, nunca eh fallado a los rebeldes y hoy no sería la ocasión. ¿Pero dime donde están en este momento los generales?
-Bueno, se encuentran reunidos en la sala de la gran mesa, Finnel creyó oportuno hablar con Fineash teniendo de su lado unos cuantos platos de pollos asados y una considerable cantidad de te de zarzas de los salvajes…. –Expresó el centinela no sin cierto rubor.
-De acuerdo. –Dijo alegremente la princesa y dando un cálido beso en la frente del guardia, caminó por el pasillo sonriendo por lo bajo.
La puerta de la gran sala se abrió, dando paso a una mujer de insuperable belleza, con el cabello color miel cayéndole lacio hasta el hombro y con una estilizada figura de curvilíneo encanto resaltada por un atuendo de cazador en tonos verdes y grises como los paramos del gran muro. De inmediato, de la mesa de roble un hombre de considerable altura, gesto adusto y con una enorme cicatriz en la mejilla izquierda, se puso de pie y haciendo una cortés reverencia se dirigió a la mujer:
-Hermosa princesa Susann, es un placer poder contemplarla y vivir en carne propia el arrobo de su belleza.
-Muy estimado general Fineash, gracias por los halagos, pero no estoy aquí precisamente para ser objeto de poesías y le recomiendo también, que no se deje llevar por las apariencias físicas.
-El azorado general, soltó una gran risotada mientras que ofrecía a la princesa un lugar en la mesa para que se sentara.
-Querido Finnel, el guardia me ha comentado el desastre que ha venido a caer sobre los compañeros del general Fineash y los inconvenientes que sus soldados ocasionaron al irrumpir en el fuerte.
-¡Inconvenientes! –Replicó el aludido.
-¿Inconvenientes estimada princesa??, solo reclamamos el lugar que nos corresponde por formar parte de la rebelión, pues no considero nada justo que mientras el buen amigo Finnel disfruta de la comodidad y seguridad de este fortín, mis hombres y yo seamos aniquilados inclementemente.
-¿Inclementemente dice usted? ¿Cuándo envió un mensajero pidiendo ayuda?, o dígame, ¿Cómo es que los tomaron por sorpresa? ¡Pensaba yo que su torre era la más segura en el muro! ¿No lo comentó con cierta jactancia en las escaramuzas pasadas, donde el general finnel perdió el fortín del cuervo?
-Fineash, sabes bien que no estamos escondidos en la torre gozando de ninguna comodidad, además los víveres y todo aquello que reclamas a sido obtenido por el apoyo de la princesa y su pueblo y lo hemos compartido contigo sin reparos; ten en cuenta querido amigo, que no estamos en tiempos de tener rencillas entre nosotros, puesto que con tu guarnición liquidada, las tropas de Filgar y el propio sabio exterminado, estamos en apuros, si no nos unimos, la resistencia caerá en el próximo asalto feldariano. –Intervino el general Finnel en tono más conciliador.
-¿Qué proponen entonces? ¿Que mis hombres y yo regresemos al fuerte?, ¿que sigamos estancados en esta torre hasta que los salvajes vengan en nuestra ayuda? –Interpuso Fineash con acritud.
-Mi pueblo no vendrá, no es nuestra guerra; el compromiso con la resistencia no llega a involucrarnos directamente, estamos de su lado al suministrarles viandas y apoyo para los heridos, pero no más. –Aclaró la princesa.
-¿Entonces que propones? O es que solo estás aquí para iluminarnos la sala……
-¡Fineash! –Exclamó Finnel con censura.
-No tienes porque dirigirte así a Susann, bastante han hecho ella y sus compatriotas apoyando la causa y brindando la comida que tienes en tu plato….
-Vasta señores, de esta guisa no llegaremos a ningún lado. Está bien claro que es lo que deben hacer y lo hemos ya discutido en innumerables ocasiones; necesitan unirse en un solo bloque de resistencia, acabar con la división establecida por la septocracia empezando por sus propias facciones, encontrar un líder que los una a todos, que comprenda la esencia del movimiento, que sea inteligente, pero también sensible; que sepa que es la libertad de un pueblo, pues ustedes lamentablemente han perdido ya los valores que algún día impulsaron esta rebelión.
-Ya también hemos hablado sobre eso querida Susann. –Apuntó Finnel. Y entre nosotros ninguno querría ser liderado o dirigido por otro; además, ¿quien de nosotros sigue teniendo claro el fin que se perseguía en un principio? Esas actitudes murieron junto con Filgar en el principado de los sabios…
-Bien. Pues entonces no hay más remedio que rendirse…
-¡Rendirnos! –Exclamó el general Fineash –Esa no es una opción, antes que rendirnos, prefiero que caigan todos los fortines.
-Entonces actúen ya, elijan un líder, levanten una sola bandera, luchen por un solo Feldar.
-Si, pero quien será ese líder, ¿quien tomará en sus manos tal tarea? –Preguntaron los dos hombres a la joven princesa.
-Fetel, el joven pintor; el chico reúne todas las características necesarias, no es cuadrado como los herreros, tampoco belicoso como los guerreros, no cae en la sumisión como las protegidas de la gran madre, pero tampoco es oportunista como el comerciante, no es fanfarrón como los sabios y tampoco aspira a la divinidad de los clérigos…. En resumen es un joven capaz de valorar el trabajo humano, la belleza de los campos y los animales, la importancia del arte y la decisión propia aplicando el pensamiento correcto. En otras palabras:
-Es un pastor. Interpuso Fineash.
-Es un hombre libre, un pensador. –Corrigió Susann.
-De acuerdo, pero como lo convenceremos de unirse a nosotros, aunque nos a sido de gran ayuda cuando nos albergó en las cabañas de su granja y cuando nos dio los mapas para incursionar en el principado del herrero, no podemos estar seguros que su intención sea levantarse en contra de la educación que por años le han inculcado.
-¿Y por qué piensas que tienes que convencerlo? –Preguntó la princesa. –Reagrupen sus tropas, fortifiquen las torres que tenemos en nuestro poder, almacenen y organicen los víveres, dispongan las defensas; que yo les traeré al chico.
La clase del maestro Fribanus, hablaba en esta ocasión sobre la bendición de vivir bajo el gobierno septócrata y de poder ocupar todos un lugar primordial para la sociedad. Todos somos importantes para todos, cada una de nuestras tareas son clave de la estabilidad de nuestro pueblo; el pastor es encargado de proveer el sustento de la gente, el herrero forja y moldea la estructura comunal, el comerciante distribuye, la madre protege, el guerrero es el espíritu combativo y valeroso, el sabio instruye y el clérigo guía nuestro andar por el camino luminoso del creador. –Instruía el viejo profesor.
-Si, pero el clérigo no paga impuestos, vive en palacios, come manjares, el guerrero roba y saquea en nombre de la seguridad, el mercader mal barata el trabajo del pueblo y usurpa sus ganancias, las madres despilfarran riquezas en su abnegación y solo los herreros y pastores trabajan por el sustento de Feldar, solo los pastores y herreros pagan impuestos y diezmos para que los demás puedan seguir con sus actividades; efectivamente sin nosotros, la sociedad caería, en eso estoy de acuerdo. –Argumentó una voz en la parte trasera de la sala de clases…
-¡Blasfemo! De donde demonios has sacado eso, ¿a caso yo te eh enseñado semejantes disparates? Respóndeme chico, pues no toleraré tal agravio a nuestro sagrado gobierno…
-Lo he leído en un libro de la biblioteca -Contestó el joven.
-¡Mentira! En la biblioteca del buen pastor no hay ese tipo de herejías, y puesto que dices que fue de un libro, ¡intuyo que es un libro robado!
-Es un libro de la biblioteca. –Insistió el joven. –Pero no de la biblioteca de los pastores donde no existe oportunidad de acceder al conocimiento, el libro lo tomé prestado de la biblioteca de los maestres. El libro se titula: Septocracia y libertad, retórica de un gobierno que persuade. Escrito por el maestre Filgar en el año de…..
-¡Basta! –Gritó Fribanus con la cara colorada… -El maestre Filgar fue un traidor, un hereje pues se unió a los rebeldes y tu lo eres también por leer semejantes cosas… -Bien queridos alumnos, la clase a finalizado, agradezcamos al Joven Fetel que halla arruinado con sus comentarios tan prometedor día. –Y Fribanus salió de la sala hecho una furia…
El joven acostumbrado a los desplantes de Fribanus y de otros maestros ante sus comentarios, no se inmutó ni un ápice y salió de la sala con dirección a los pastos donde atendería por el resto del día el ato de ovejas que su padre le había asignado.
-Saludos sublime pintor, ¿donde te has metido estos días? –Dijo una dulce voz a las espaldas de Fetel.
-OH, hermosa Susann, no imaginé que estuvieras por aquí tan a descubierto… pues veamos, he estado en la biblioteca leyendo un libro fantástico y también salí al bosque, ¿sabes que hace tres días se pudo ver en el cielo la constelación de los Ángeles? Y quise estar ahí para poder pintarla. Las estrellas son seres tan libres como yo.
-¿De verdad? Yo sabía que las estrellas estaban sujetas a una órbita establecida, pero no me imaginé que se aparecieran en los bosques….. -Dijo la princesa en tono juguetón…
-¿Te burlas de mi? –Preguntó Fetel. –Ya se que las estrellas están sujetas a una órbita, pero ese es su orden natural, ¿has visto alguna estrella que tenga que girar en otra órbita porque alguien crea necesario que lo haga, o por capricho de otro ser? Sucede lo mismo con la naturaleza o con nuestros pensamientos; ¿Quien puede encajonar tus ideas dentro de tu mente? Aunque te digan: no pienses en el arte ni en los libros, eso es asunto de los sabios; no quieras vivir en palacios como los comerciantes, tu lugar está en las granjas; ¿Quien o que cosa puede impedir que te imagines en esos lugares? Por eso mismo pinté la estrella, ¿Qué principado de Feldar podría impedir que la constelación se mostrara? Y igualmente nadie podría detenerme en mi lienzo cuando hubiera comenzado a dibujar…
Sabes, me gustaría que la conservaras, que la aceptaras como un obsequio, porque tú eres tan radiante, indomable y natural como esa estrella…
-OH, sería todo un honor, Fetel, en verdad mil gracias por tan hermoso gesto y por tus palabras; pero sabes, hoy me surge una duda: quisiera saber ¿Por qué pintas?
-¿Que por que pinto? Pues porque es una forma de mostrar lo que veo, lo que vivo y lo que siento.
-Si, pero a caso ¿no es un sacrilegio lo que haces?, si mal no recuerdo solo los maestres y los clérigos pueden hacer ese tipo de actividades.
-No te comprendo Susann: porque me preguntas esto, nunca te a molestado que lo haga y has sido tu quien me a mostrado nuevos paisajes y lugares más allá del muro para que pinte mis lienzos.
-OH, no estoy en contra de que lo hagas, solo quiero que me digas ¿porque lo haces? si es una actividad prohibida, si en tu condición de pastor no tienes permiso del supremo clérigo para hacer tal cosa.
-Bueno pues lo hago ¡porque no necesito permiso de nadie para hacerlo, porque soy libre de elegir mis acciones y mis gustos!
-ja ja ja….. Si, seguro que si; pero puedes decirme ¿Qué es ser libre? Adorado joven Fetel, ¿Qué es la libertad?
-Pues no se que te pase hoy princesa, pero bueno, pues ser libre es ser tu mismo, ser libre es poder seguir tus propios pensamientos, elegir tus acciones y mantenerte firme en tus convicciones pese a lo que sea; no importa si tu propio pueblo o familia te dictan lo contrario porque la libertad no es una condición política, es una característica humana que emana de nosotros mismos; eso lo entendí en el libro del maestre Filgar; los muros no están en las piedras que rodean un campo, tampoco en el gran muro que divide los reinos, los muros no son estructuras físicas, si bien son la parte tangible de nuestras propias limitaciones, los muros son las trabas que nos ponemos día con día, son los muros de nuestro pensar que nos encadenan a un lugar y unas ideas fijas, son las debilidades que gobiernos como el feldariano utilizan para someter a las personas.
-Aquel que es libre en su pensamiento y convicciones, aquel que no tiene muros internos jamás será sojuzgado por un reinado o por un sistema político; eso es la libertad y por ese simple hecho, por tal conocimiento es que puedo pintar, escribir y leer lo que decida sin que las leyes de los maestres o los clérigos interfieran con mis acciones, pues es evidente que la prohibición está en ellos, no en mi. –Respondió el chico con elocuencia.
-Así es mi amado joven. –Respondió la princesa al chico, con un gesto de total admiración en sus bonitos rasgos. –Fetel, es hora de que dejes de pintar lienzos de tela y papiro, es momento de que tu pincel trace su armonía en el lienzo de la historia misma, los rebeldes te necesitan para levantar la causa, para luchar por el feldar libre de antaño, para hacer realidad el feldar que tu vives en tu pequeño mundo. ¿Estarías dispuesto a ayudarlos?
-Siempre los he ayudado, pero yo soy un niño en comparación de los grandes generales, no creo que sea lo mejor; ni que mis ideas les sirvan de algo.
-¿Pero sabes algo? –Preguntó la chica con un tono de secreto -Ellos me enviaron a buscarte, eres la persona ideal, el motor, el ejemplo que necesita la resistencia para seguir. Replicó Susann sin ceder terreno al inteligente joven.
-¿Me lo estás pidiendo tu? –Inquirió el chico a la hermosa salvaje.
-Si, te lo pido yo, con toda mi alma, porque has sido capaz de alimentar la llama de mi corazón de salvaje, porque me has hecho recordar con tus pinturas, con tus valores el privilegio de ser libre y porque veo en ti el alma del antiguo Feldar; te lo pido como una muestra de tu amor, apoya a los generales de la resistencia, muéstrales tus pinturas, háblales de esas convicciones y de esa libertad que solo tú conoces.
-Y así ambos chicos partieron a sus respectivos lugares, para preparar la inserción del joven Fetel a la resistencia.
Cuando Fetel llegó a casa, su padre que había estado esperándolo toda la tarde en los pastos con las ovejas, lo recibió con el gesto más amargo que el chico le conocía.
-¿Dónde has estado? -Cuestionó al chico. Explícame ¿que fue tu arrebato de hereje en la clase de tu maestre?, que son todas esas bazofias que pintas en las telas que les compras a las abnegadas?, no te imaginas la vergüenza que sufrí cuando el maestre Fribanus vino a verme: (Amigo Fenkel……, es importante que hable con su hijo, sus irreverencias han sobre pasado los límites, por lo cual debo conminarle a que le de un castigo ejemplar; escúcheme bien; por el bienestar de su familia y su granja, esta noche quemará frente al chico todas las pinturas que en algún momento se le permitió hacer, así como todo libro que encuentre en su dormitorio, eso hará que el joven recapacite y acepte la condición de su vida). -Eres tan desconsiderado que no te a importado tu familia, solo piensas en esas ideas tuyas de libertad…. Y en esa golfa salvaje que no se a donde demonios te lleva. No tengo el corazón para hacer lo que me pidió el maestre, pero te exijo que te vayas de esta granja y que no vuelvas jamás; no causes más daño del que has hecho.
Esa noche Fetel se despidió de su madre y hermanos, tomó sus pinturas y su libro y partiendo de su casa, fue a reunirse con los generales de la resistencia; ya en la torre, fue presentado como líder de las tropas rebeldes, lo que dejó sorprendido al chico; pero con el apoyo de la princesa, planearon el asalto a la catedral de los pastores que se llevaría a cabo tres días después.
La incursión sería rápida y simple, mientras los feligreses acudían a escuchar los cantos de la tarde a la estrella del buen pastor, mientras los maestres estaban fuera dando bendiciones y sermones a los fieles granjeros, los rebeldes atacarían en formación de yunque; más de mil soldados cerrarían la parte frontal de la plaza mientras que un contingente de igual proporción encajonaba por la retaguardia la explanada y la entrada a la catedral. El objetivo era destruir las estatuas de los dioses en el recinto, y colocar un lienzo de Fetel que representaba el símbolo del antiguo Feldar, un sol que salía de un pincel sostenido por una mano, la mano del gran pensador; despojar a los maestres de sus hábitos y saquear las cajas de los diezmos para repartirlos entre las granjas de la región.
Realmente no había peligro y la única acción en la que el joven líder se vería involucrado, sería dar como discurso una lectura del libro del maestre Filgar:
“El pensamiento libre es el ariete que atraviesa los muros de la cerrazón, la mente libre es la herramienta que forja una vida sin ataduras, la libertad es el pensamiento; hálito del sol que despierta”. Y una vez terminada la incursión, se dispersarían entre los bosques y pastizales como polvo llevado por una ventolera, hasta que las sombras de la noche permitieran que en grupos organizados volvieran al fortín.
El día elegido llegó y la maniobra se puso en práctica en el momento justo en que todos los granjeros y maestres cantaban los himnos al buen pastor; todo salió a pedir de boca para los rebeldes, pero al finalizar la escaramuza, uno de los clérigos llevó al padre de Fetel a un lugar apartado y le dijo:
-Estimado Fenkel……, veo que tu corazón pudo más que la razón y espero comprendas que las acciones de tu hijo, han disgustado a los dioses… -Por eso, viejo amigo, debemos tomar medidas, soluciones que antes no me hubiera atrevido a proponerte. -Y tomando de un estuche un artefacto metálico preguntó: ¿Sabes que es esto, Fenkel?
-Si su señoría, -Respondió el viejo pastor. -Es una ballesta de las que usan los guerreros.
-Muy bien, ¿y sabes como se usa?
-No señor, en realidad no; los pastores no tenemos derecho a recibir tales conocimientos, nuestro papel está en los instrumentos para labrar la tierra, en las tigeras para la lana, en aprender a conservar los quesos; no lo se su señoría. Contestó aprensivo el viejo granjero.
-Así es querido amigo, veo que tu si comprendes a la perfección tu lugar, pero sabes, no es la gran cosa el aprender a usarla y hoy, yo quiero enseñarte…..; estas armas son muy precisas, hasta un humilde pastor puede hacer uso de ellas, observa……
Y bueno, ¿Qué te pareció? es censillo ¿no crees? Ahora no tengas miedo de que no puedas usarla, tendrás suficiente tiempo para concentrarte y solo debes apretar el pequeño gatillo, las tres flechas que he cargado en esta pequeña sabrán hacer su trabajo; ¿Me comprendes verdad?
-Pero, señor, me está pidiendo que….. que….. que…. Le quite la vida a mi propio hijo. –Dijo el viejo con cara de incredulidad y lágrimas en sus ojos.
-No, te estoy pidiendo que mantengas en pie la sociedad que te vio crecer, que tengas la vida tranquila y honrrada que has llevado hasta ahora; te estoy pidiendo que le des a tu familia la paz que pronto puede perder. Dime Fenquel, ¿Cuántos miembros hay en tu familia? –Preguntó con seriedad finjida el clérigo.
-Pues en mi familia señor, hay nueve miembros, contando al chico.
-Lo ves, son muchas personas, ¿vas a desperdiciar tantas vidas por rescatar a alguien que a decidido dejar el camino?, ¿Por alguien que a olvidado tus enseñanzas y tu ejemplo? -Claro que te entiendo, pero esto no es personal, es para que todo siga igual como hasta ahora; ¿Comprendes?
-Si señor, comprendo –Dijo resignado el pastor.
La felicidad de Fetel no podía ser mayor, la estrategia había sido exitosa, había podido leer ante miles de personas su pasaje favorito del libro del maestre Filgar y compartido el saber que hasta ese momento pocos poseían; pero además, su padre quien lo expulsó para nunca volver, estaba a su lado y aprobaba sus acciones, incluso lo invito a despedirse de su madre y a cenar con ellos por última vez antes de volver a las fortificaciones de la resistencia.
-Querido hijo, me alegra que hallas encontrado tu camino, y que nos hallas mostrado a tantos la falsedad del Feldar en que vivimos. –Fueron las palabras del viejo Fenkel antes de despedir a su hijo con un afectuoso abrazo.
La noche había caído por completo cuando Fetel se dirigió a la fortaleza de Finnel, en donde lo esperaban sus compañeros para celebrar la pequeña victoria alcanzada en la plaza de la catedral; nada podía ir mal, después de haberse reconciliado con su padre y con una guarnición de arqueros esperándolo en lo alto del muro por cualquier cosa que pudiera pasar.
-¡Fetel! –Gritó una voz conocida a sus espaldas.
-¿Padre? –Preguntó el chico al darse la vuelta, pero la respuesta de Fenkel llegó en forma de tres flechas disparadas por una ballesta guerrera, de las cuales ninguna herró el blanco.
“El pensamiento libre es el ariete que atraviesa los muros de la cerrazón, la mente libre es la herramienta que forja una vida sin ataduras, la libertad es el pensamiento; hálito del sol que despierta”.
Fin.