El alma de la ciudad se manifiesta singularmente en sus fiestas. La Semana Santa, fiesta barroca y andaluza por excelencia, convierte a Málaga en un gigantesco
escenario en el que todo un pueblo rememora los momentos de la Pasión. Entre la luz de la cera, los destellos del oro y la plata y los perfumes de incienso
y azahar, los grandes tronos procesionales, verdaderos retablos que caminan, constituyen un espectáculo difícil de olvidar.
En Málaga, vivir la Feria es tarea que puede ocupar las 24 horas del día, y es que en Málaga no hay una feria sino dos. La semana en torno al 19 de agosto,
Málaga estalla de alegría. Durante el día, el centro de la ciudad se convierte en una gigantesca fiesta de música, vida, alegría y color en la que lo único
importante es disfrutar y bailar en sus casetas, o en la misma calle. Por la tarde, el coso de la Malagueta ofrece su feria taurina, en la que alternan
los primeros espadas. De noche, el nuevo Real de la Feria ofrece un amplísimo abanico de entretenimientos y atracciones al público de todas las edades.
A lo largo de todo del año, la ciudad se hace paz y alegría en las Fiestas de Navidad, saca el deporte a la calle en las Fiestas de Invierno, se vuelve
satírica, alegre y desvergonzada en el Carnaval. De mayo a junio, vive la fiesta de las Cruces de Mayo, la festividad de los patronos San Ciríaco y Santa
Paula y la Noche de San Juan. En julio, la Virgen del Carmen, con su procesión marinera. En septiembre, la Virgen de la Victoria, que desciende desde su
santuario para recibir el homenaje de los malagueños en la Catedral. Y en diciembre, el día 28, la Fiesta Mayor de Verdiales, en la que se puede apreciar
un folclore único.