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Salón de Lectura

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Mauricio Ceballos Montoya

El día que murió Esteban Gómez

Diego se levantó raro ese día.
Era viernes y aunque esos días de la semana lo ponían siempre feliz, ese en particular no. Y lo peor de todo, era que no sabía por qué. No tenía ni idea de porqué sentía como una melancolía, como una aburrición, un algo que no lo dejaba estar feliz esa mañana.
Algo tarde, llegó a clase de 8, donde su amigo de carrera y farra esteban, ya lo esperaba con una silla reservada para él, ya que esa materia, era bastante concurrida debido a su importancia en el pensum y también, a que el profesor responsable de la cátedra, realmente lo hacía muy bien, despertando un interés creciente en sus alumnos a medida que avanzaban los temas.
Se saludaban siempre con los puños en un ritual que todos sus amigos admiraban.
Se conocían desde el colegio, habían ingresado juntos a la universidad, compartían amigos, gustos y placeres.
Tenían los mismos horarios en la U y en general, se mantenían siempre juntos.
Esa tarde, después de clases, esteban propuso que jugaran un partido de fútbol con otros compañeros de facultad.
Diego, un poco reticente, aceptó, con la idea de irse temprano para su casa, pues se sentía un poco cansado, además de la melancolía que no lo había abandonado.
A eso de las 3 de la tarde, jugaron su partido en las canchas del campus universitario y aunque se divirtió bastante pues marcó 3 goles e hizo pase para otros 2, diego se seguía sintiendo como en la mañana, con el factor del cansancio en su cuerpo.
Se preguntaba que le pasaba, pues en él, eran raros esos ataques de decaimiento.
Terminado el partido, esteban, entusiasta como siempre, propuso que se fueran para uno de los establecimientos cercanos a la U, para tomarse unas cervezas, para celebrar que era viernes y refrescar su actividad deportiva.
Después de mucho rogar, pudo convencer a diego para que fueran, con 3 compañeros más. Jose Luis y una pareja de novios, Ricardo y Mónica, que les gustaba mucho estar con ellos.
La tarde, le fue dando paso a la noche y entre risas y anécdotas, se les pasó el tiempo.
Las botellas de cerveza vacías, adornaban su mesa, como trofeos de cazadores, acostumbrados a las conquistas del cada día.
La noche se instaló en pleno y con ella, una embriaguez tenue se apoderó de todos.
Esa embriaguez en la que se está algo mareado pero muy feliz y con las pilas bien puestas, para seguir la farra.
A eso de la media noche, esteban recibió una llamada en su teléfono móvil.
Se trataba de angélica, una de sus mejores amigas, quien a su vez, se encontraba en la casa de marino, un compañero de facultad, solterón y algo mayor, a quien le encantaba reunirse con amigos y sobre todo amigas en su casa.
Estaban tomando y bailando y el sitio era más bien cercano a la universidad.
Como era de esperarse, esteban se animó. Los novios, declinaron la invitación, diciendo que estaban ya muy prendidos.
Diego quería irse ya, pero no le gustaba dejar solo a su amigo porque éste, era un mal borracho como decía diego.
Pues cuando estaba muy tomado, se ponía algo agresivo y de muy mal carácter.
Se fueron pues, con su amigo jose Luis, a donde marino.
Era una casa grande, con una sala muy acogedora.
Había mucha gente.
Muchos conocidos de la universidad, pero también habían muchas mujeres que diego no había visto nunca.
En general, se gozaba de un ambiente animado y distendido.
Todos, estaban distribuidos por grupos, pero como había música bailable, se integraban en esta actividad.
Desde que llegaron allí, comenzaron a tomar aguardiente el cual, lo pasaban con cerveza.
Marino el dueño de casa, los recibió muy amablemente, pues al fin de cuentas, eran amigos de la U. y eso era muy importante.
Diego, se fijó en una de las muchachas desconocidas para bailar y por supuesto, para hacer algo de amistad.
Ella lo rechazó sin disimular, argumentando que estaba cansada pero sin embargo, al siguiente tema, salió a bailar con esteban.
Como es normal dentro de la psicología masculina, diego se sintió herido y como ya se sentía mal desde la mañana, empezó a tomar y tomar más intensamente.
A pesar de que esteban estaba bailando y en cada momento se sentía más dicharachero, bebía más que diego y jose; a diego le daba un escalofrío cada que esteban alzaba su copa, como si un presentimiento recorriera su cuerpo.
El amanecer iba llegando. La gente se iba yendo ya por beodez, ya por cansancio; incluso el dueño de casa, insinuaba que la rumba estaba por terminar.
A las 5 y 20 de la mañana, diego medio borracho, se llevó a un esteban totalmente ebrio. Éste, no quería irse y a diego le tocó llevárselo a rastras.
Tomaron un taxi rumbo a casa de esteban pues el plan de diego, era dejar a esteban a salvo en su casa y luego irse por fin a dormir.
Esteban estaba solo en casa, razón por la que se sintió animado a seguir bebiendo con su gran amigo. Porque a pesar de que habían discutido mucho en el vehículo, él, quería tomarse media con diego antes de dormirse.
Visiblemente contrariado y cansado, diego accedió sin mucha gana a los caprichos de su alicorado amigo, pues en el fondo, tenía un presentimiento que no lo dejaba.
Esteban encendió su equipo, con el buen rockcito que nunca les faltaba y con mucho ánimo, se apresuró a destapar media de ron, que trajo desde su habitación.
Una hora más tarde, se desencadenaron los acontecimientos que le cambiarían la vida a diego para siempre.
La media de ron se había agotado. Esteban, ya muy borracho, comenzó a tornarse entre agresivo y melancólico.
Le habló a diego de sus padres, de lo solo que se sentía, pues aunque materialmente no le faltaba nunca nada, creció en medio de la soledad que proporciona la holgura económica.
Sus padres, dos profesionales, entendieron que la felicidad para su hijo único, era llenarlo de comodidades y placeres. Y él, se creó un mundo unipersonal, lleno de fantasías y horas tristes por la falta de compañía.
Diego quería irse de inmediato. Pero al mismo tiempo y por la situación, no pensaba por ningún motivo dejarlo solo con su depresión etílica.
De pronto, esteban dijo.
Quiero pelear con usted.
Diego asustado, intentó persuadirlo.
Pero esteban entre mas lo persuadiera, más agresivo se ponía.
Usted es un marica porque no quiere pelear conmigo un rato.
No, no. Es que como voy a pelear con usted?
Hágale no sea mujercita!
O es que me tiene miedo?
Diego no sabía qué hacer. Porque las provocaciones de esteban estaban haciendo mella en su ánimo.
Con razón esa vieja. La flaquita mamacita, no quiso bailar con usted y en cambio conmigo si bailó y mucho rato!
Si es que usted se le ve la cara de marica que ni pa bailar sirve ya!
A diego le enojó mucho este comentario.
Iba a marcharse. Pero esteban se lanzó sobre él, gritándole.
Pelee! Pelee! Defiéndase como un barón!
Comenzó a pegarle puños en su estómago, pero la ira de diego se disparó, cuando esteban le rompió la nariz de un puñetazo.
Diego era más fuerte que esteban, por lo que sabía que debía controlarse. Pero ya en ese momento, la rabia, el alcohol y la adrenalina, hablaban por él.
De una patada, derribó a esteban y ya en el suelo, le pegó repetidamente.
Querías que te peleara?
Esto era lo que vos querías gran perro?
Seguramente tus papás nunca te han pegado y por eso buscás quien te pegue en la calle malparido!
Ira y mucha fuerza acompañaron a diego en ese momento.
Esteban asustado pero feliz de ver a su amigo tan enojado, resistía a medias los golpes. Medio se defendía, pero en un instante alcanzó a pegarle en los testículos a diego. Y éste en una demencia tal que podría asustar al más profesional de los psiquiatras, agarró el cuello de esteban y tal como si fuera una gallina, lo volteó hacia la izquierda con una rapidez tal, que el asesinato de su amigo, lo cogió a él mismo por sorpresa-.
Un crujido sordo y la sangre que bañó su cara y su ropa, fueron tal vez, las drogas que lo despertaron de su brutal locura.
Petrificado, no supo qué hacer.
Se quedó un momento con la mano todavía agarrando el cuello desprendido de su amigo.
Luego, se incorporó, fue al baño, trató de limpiarse y por fin lloró.
Así que este era su presentimiento?
Así que esto era el escalofrío que sintió en la noche?
Así que de eso se trató la melancolía que sintió ese viernes al levantarse?
Así que esa tristeza era lo que iba a acompañarlo el resto de sus días?
La mañana estaba alegre. Eran las 8 y un sol radiante, le contaba al mundo que a pesar de todo y de todos, era de nuevo, sábado.


MAURICIO CEBALLOS MONTOYA