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Nadie salió de su casa una noche.No había nadie en la avenida. Nadie le preguntó a donde iba. Nadie llegó al bar de siempre. Nadie estaba feliz. Nadie lo vio entrar. Nadie pidió una copa. Nadie brindó con nadie. Nadie escuchó la canción que habló de nadie. Nadie pasó largas horas sentado con nadie. Nadie fue al baño del bar. Nadie orinó por última vez. Nadie sintió el disparo y nadie vio la sangre que manaba profusamente de la frente de nadie.
Nadie supo que aquella noche, en aquél baño de ese bar, nadie se despedía para siempre de nadie.
A nadie le importó, pese a que en aquél baño, ya no había nadie…
MAURICIO CEBALLOS MONTOYA