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Blanca Nieves:
En un lugar de estos contornos, nació hace ya algunos años, una linda niñita que se llamaba Leocadia, a la que después, y debido a sus características físicas se la conoció con el nombre de Blanca Nieves.
Blanca, (a la que así llamaremos desde ahora para abreviar), era hija única de un monarca de esos, que no es rey por voluntad divina, sino porque sus antepasados, se lo montaron divinamente, embaucando al pueblo.
Esta linda doncella, (lo de doncella le duró poco tiempo), era de una hermosura sin igual.
Su cabello y ojos, eran tan negros como la oscuridad de la noche; y sobre su tez blanca y pálida como la luz de la luna, dos labios rojos de una perfectísima simetría, adornaban un rostro de bellísimas facciones.
Esta princesíta, también tenía los defectos típicos que aparecen en todo cuento que se precie.
Era muy pija, y tenía tendencia a hacer de la más mínima cosa, un drama. Eso, entre otros defectos más, y en los que se ve que la niña, es de alta alcurnia.
Pero como la desgracia se mezcla hasta con la nobleza , resulta que a nuestra amiga Blanca, la pillaron en “un innoble acto, pero sumamente placentero”, con el bufón de la corte, al que porsupuesto, le dió un gran corte, el ser hallado en tal estado.
Llegando estas noticias a oídos de su magestad la reina, decide que su hija pague tan ignominioso acto, con su bién mas preciado, la vida; y que la misma suerte que ella, corra el pobre bufón, el cual no tuvo ni tiempo, para quejarse al sindicato de arte dramático, por el mal final que según palabras textuales del bufón:
¡el desgraciao del autor, me dió en este cuento!.
Si a todo esto le sumamos que no tenía ningún enchufe con el verdugo, el pobre, tuvo que pagar la afrenta con su vien más preciado; la vida.
Por el contrario, la suerte de nuestra princesita Blanca, fue bien distinta (¡porque si no, nos cargamos el cuento, y a ver que contamos!).
Resulta, que le tocó con un verdugo, que estaba muy descontento con el trato recibido en palacio; y como le había tocado hacer el servicio militar allí, y no le daban ni un puto marabedí, aprovecha para dejar a blanca en el bosque, y pasar a engrosar las listas de insumisos, de su magestad el rey.
Después de despedirse del insumiso diciéndole:
¡bueno Ramiro, yo me doy el piro!, Blanca, se adentró en el bosque.
Tras mucho caminar, y de pura chiripa, nuestra amiga da con sus huesos en la casa de los siete enanitos, que en aquel momento, sólo eran cinco. A uno, lo habían pillado traficando con plantas alucinógenas; y su otro compañero, se estaba pudriendo en el talego, por apropiación de fondos reservados; o sea, que en la mina de esmeraldas en que trabajaba, se reservaba un dinerillo extra.
Cuando Blanca se situó frente a la puerta descolorida de la casa pensó:
¡en el cuento oficial, seguro que la puerta no era tan cutre!.
Cuando llamó a la puerta, salió a recibirla, uno de los enanitos. Este personajillo, vendría a medir 1,37 centímetros, (era el más alto). Tenía una jarra de cerveza en la mano, y era muy vacilón.
¿Qué pasa prenda?, ¿perdida en el bosque?.
¡El rey, que me ha querido matar!.
¡Qué bruto es el tío!. ¡Y eso que eres su hija!.
Y, ... ¿cómo ha sido eso?.
Pues nada; estábamos el bufón y yo disfrutando de los placeres de la vida, y ... y ya ves, ¡que casi me cortan el gaznate!.
Pero, ... ¡si en palacio, todo el mundo practica el amor libre!.
Sí, pero amí me han pillao.
Otro enanito que se encontraba en la estancia, y que había oído el relato de Blanca, dijo:
¡tranquila!, en este lugar, todo es de todos. La propiedad privada, es un invento de la gente como tu viejo, pero ¡no te preocupes!, aquí pasas a ser un miembro de nuestra comuna. Aquí, todo el mundo aporta algo a la comunidad, osea, se da el callo; y si no sabes hacer nada, tú tranquila, aquí aprenderás.
Sin saberlo, Blanca, se había metido en la primera colonia jipie de toda la historia.
Blanca, se adaptó bien a la vida en la casa de los siete enanos.
Gracias a ellos, aprendió muchas cosas. Le enseñaron a sembrar plantas: lechuga, tomates, mariguana, cebollas y judías. Tuvieron que esplicarle por cierto, que había ciertas plantas que no se podían vender en el mercado, porque si no, podría correr la misma suerte que su compañero, por lo tanto, su uso era restringido.
En lo sentimental, Blanca nunca estuvo mejor; siete para ella sola y para colmo de venturas, no tenía que dar explicaciones.
Las cosas parecían ir viento en popa, cuando de nuevo, se posaron sobre nuestra amiga los nubarrones del infortunio.
Un día de esos de mucho rón y más maría , y cachondeo hasta altas oras de la madrugada, el comendador, se pasó por casa a darles un toque por lo del jaleo y resulta que al entrar, vió la cara de Blanca y dijo:
¡su cara me suena!.
A lo que ella contestó sarcásticamente:
¿de veranear en el caribe quizá?.
Este, lanzándole una de esas miradas que matan, salió de la casa. Por fín y por desgracia, a la mente del comendador, llegó claramente el juicio a puerta cerrada; de más de 50 folios con cargos para quitarse de en medio, a la pobre Blanqui, que sin quererlo y por un asuntillo de nada, se encontró con una ficha policial más grande que la de el Lute.
La reina, al verse burlada montó en cólera, (que no era ningún corcel, sino que se puso de mala leche).
Gracias a la insumisión del insumiso ese, ¡te has salvado!.
¡Si más vale hacerlo, que mandarlo!.
Después de unos breves instantes, la madre de Blanca, se retiró a sus aposentos para que su maquiabélica mente, pudiese urdir el plan que daría fín a los días de Blanqui en este mundo.
En principio, intentó envenenarla con una jugosa manzana roja; pero a su mente, le llegó el recuerdo de una culebra, una manzana, una tal eva ... y por fín, deshechó el asunto. Hay que añadir a los anteriores recuerdos, el de una bruja, otra niña, y otra manzana. Y además se planteaba:
¿y si la bruja hace como el insumiso, eee?.
Al fin, a la reina se le iluminó la bombilla. La envenenaría vendiéndole caballo adulterado.
La reina, salió al cabo de unos instantes, por la puerta trasera del palacio, muy bien disfrazada, y en menos de diez minutos, lla se encontraba delante de la casa de nuestros amigos.
¡Pasa colega!, ¿qué te trae por aquí, colega?.
Es que, no tengo trabajo, y ando vendiendo un poco de jaco .
¡Anda prueva, que a esta toma te invito yo!.
Blanca se mosqueó un montón.
Al ir a esnifar el caballo que su madre le ofrecía, se dió cuenta de que en la mano, se había dejado puesto el exclusivo anillo, que solamente podía llevar la reina, porque era de oro puro. A parte, la muy burra, al no saber nada de drogas, había hechado azufre al caballo, lo que le daba una tonalidad amarillo-verdosa.
Bblanca, al percatarse de la fea acción de su madre, se levanta, y emprende una terrible pelea.
Después de luchar hasta casi la extenuación, nuestra protagonista, logra inmovilizar a la reina con un kami shio gatame, que es una inmovilización de judo, que le había salido de puta chorra.
El rey que pasaba en aquel momento con todo su séquito, se aprocsimó a las inmediaciones, para comprobar insitu, lo que allí sucedía.
Cuando los soldados y el rey comprobaron lo que sucedió, a Fernan, el rey, se le cayó el mundo encima.
La reina había intentado matar a su hija; y sabía que a su consorte, sólo le esperaba la muerte.
No pudiendo éste resistir la ausencia de su pérfida amada, con lo fácil que le hubiese sido encontrar otra, decide morir; y metiéndose la droga que la asesina de su consorte había preparado para su hija, se quita la vida.
La reina fue ejecutada al instante. Y al morir los monarcas, y Blanca abdicar del trono, se instaló la anarquía, cuyo lema fundamental y dependiendo del sexo de cada cual, era:
anarquía:
¡mujeres y cerveza fría!.
fin.