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Salón de Lectura

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Francisca Sánchez Galbarro

Queen

Sergio y su hermano Javier, de ocho y siete años vivían en la capital, donde lo cotidiano era encontrarse coches, moles de edificios, personas transitando por las calles de forma anónima y en donde lo prioritario, era llegar sin ningún contratiempo a sus lugares de destino.
A pesar de este frenesí, de vez en cuando, encontraban a algún abuelito paseando a su perrito, con toda la calma que proporciona la vejez o a un ciego con su perro guía, dándole la seguridad que en todo momento necesitaba. Era entonces cuando se quedaban embobados mirando esa imagen, olvidando por completo qué estaban haciendo ahí.

Esa situación se iba repitiendo cada vez, con mayores deseos de ser ellos, quienes estuvieran paseando a su mascota.
Así, un día a la vuelta de la escuela, decidieron hablar con sus padres y pedirles un perrito. Ante la inesperada solicitud , éstos, en un principio se quedaron sin saber qué contestar, pero la madre, reaccionando intentó convencerles, del problema que supondría tener un animal en casa, requiriendo un trabajo adicional para todos, ya que habría que sacarle a pasear tres veces , cepillarle, cuidar la alimentación, todo diariamente, no pudiendo ellos, asumir esa situación por falta de tiempo.
Mientras la madre intentaba razonar , los niños con lágrimas en los ojos, veían cómo su deseo se venía abajo, pues el padre, que hasta ese momento había permanecido callado, intervino diciendo que cuidar a un animal, conlleva una responsabilidad grande, siendo todavía pequeños para llevarla a cabo.
Más adelante cuando tengáis más edad volveremos a tratar el tema.
Este recordatorio por parte de los niños, se iba produciendo con más frecuencia, quedándole a los padres pocos argumentos con que conformar momentáneamente a los chicos.

Una tarde a la vuelta del cole, se encontraban merendando Sergio y Javier, mientras veían en la tele un programa de dibujos animados, cuando se les acerca la madre y les comenta que cuando finalicen los dibujos tenía que contarles una historia que les iba a gustar mucho. Los niños intrigados se levantaron y acercándose a su madre y hablando a la vez, le pedían se la contara ya, que los dibujos no importaban, que qué era eso que les quería decir…. ¡Chicos, calma! Hay tiempo para todo y lo primero es que terminéis de merendar. Ante el torbellino creado por las preguntas de Javier y Sergio, la madre decide contarles un maravilloso cuento que ellos nunca pensaron llegara hacerse realidad.
Me ha llamado por teléfono vuestra tía Alicia y me ha dicho que Laica ha tenido dos cachorritos y que uno, se lo queda ella y el otro, para nosotros, para nosotros, gritaban a la vez, no dejando seguir a la madre.
Si no os calláis, me voy y no os cuento nada de lo que os pensaba decir.
Sí, sí, mami, ya nos callamos.
Papá y yo, hemos pensado que quizás, podríamos mirar a ver de qué manera repartimos entre todos la tarea que tendríamos que realizar si finalmente, decidimos hacernos cargo del perro.
Yo le pondré la comida y el agua cada día y, lo sacaré por la mañana, decía Sergio y yo, lo cepillaré y le daré un paseo por la noche, insistió Javier. Escuchad un momento, porque las cosas no son tan fáciles. Por la mañana, vuestro padre se encargará de pasear a vuestra mascota, y por la noche, lo haré yo, pues aún no tenéis edad suficiente para que lo hagáis solos.
Como los dos es bueno que participéis en el trabajo que concierne a vuestro amigo, En cuanto el paseo del medio día, una semana lo hará Sergio, encargándose Javier de la comida y cepillado. La siguiente semana, cambiaréis las tareas y de esa manera, os cansaréis menos y procuraremos que todo salga bien.
Ahora hay que ponerle un nombre a la perra, pues aún no os lo he dicho, que es hembra. Queen, chillaron los dos a la vez.
No sabía que teníais hasta el nombre decidido! ¡Claro que teníamos el nombre! Contestó Javier, que no paraba de sentarse y levantarse de la silla. Nosotros, intervino Sergio, cuando os pedimos el perro, ya habíamos pensado los nombres, pues si era un perrito, se llamaría King y si se trataba de una perrita, le pondríamos Queen.
¿Y esos nombres, significan algo? Pues son muy parecidos.
Los niños sorprendidos, preguntaron a la vez:
¿Mami, no lo sabes?
Pues no. A lo mejor son palabras que os habéis inventado y no significan nada.
Sergio con una sonrisa maliciosa , se acerca a su madre y le pregunta: ¿Mami, cuando estudiabas, no te enseñaban inglés?
Por supuesto que sí, pero hace mucho tiempo que lo avandoné, y los idiomas, si no se practican se pierde vocabulario, y en unos años, no se recuerda apenas nada. Así pues, decidme de una vez, qué significado tienen esas dos palabras, que sin duda alguna, son importantes para que las hayáis elegido como nombre para vuestra mascota.

King, contestó Javier, es rey y Queen, reina. ¿A que son bonitos?
La madre, un tanto emocionada al ver cómo sus hijos tenían pensado hasta el detalle del nombre, entendió cuánta felicidad acababan de dar a sus hijos, con la decisión
adoptada por ella y su marido.

COSAS DE PAQUI


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