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Salón de Lectura

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Francisca Sánchez Galbarro

Una aventura de un gato


¡Buenos días! Querría hablar con Félix Moya.
Soy yo.
Le llamo de Seguridad al máximo , porque hemos detectado que ha saltado la alarma que tiene contratada con nosotros en la vivienda del Espinar. ¿Usted sabe si alguien de su familia ha entrado y no han llegado a tiempo para desactivarla? En el número de teléfono que consta en nuestro archivo no contesta nadie.
No, allí no se encuentra nadie. Precisamente, nosotros pensamos ir esta tarde. Voy a conectarme con la seguridad de la urbanización y en cuanto sepa algo, le llamaré para informarle.
De acuerdo, señor Moya, espero sus noticias.
Ante la aparente calma, llegamos a la casa, sin encontrar señal alguna de que nadie hubiera accedido a ella. Así pues, nos comportamos con la normalidad de siempre, cayendo en la rutina de cada fin de semana. A media tarde, después de una pequeña pero insustituible siesta, decidimos mirar el correo.
Para entonces, teníamos olvidado el episodio de la alarma, pues si bien era algo raro, también, es cierto que queda la posibilidad de un fallo del aparato.
No habíamos visto apenas unos mensajes, cuando de repente, se oyen dos maullidos terribles de un gato, que en un principio, yo, pensé que sería el móvil, pues si bien, me parecieron más fuertes, no dejaban de ser los mismos que utilizo en el teléfono. Muy pronto comprendimos que era un gato de verdad, gato que no se veía por ninguna parte. La búsqueda fue totalmente en vano, pues no apareció gato alguno, ni tan siquiera, algún vestigio que indicara que hubiera estado allí. Así pues, ante el absurdo del tema, lo dimos por zanjado.
Terminamos el día con normalidad y llegado el momento, nos fuimos a dormir, creyendo sería una noche apacible y tranquila, pero nada más lejos de ello. A media noche empiezan nuevamente los maullidos, pero ahora, de forma continuada, consiguiendo preocuparme, ya que el gato estaba, ¿pero dónde?
Por la mañana conté a Félix lo sucedido la noche anterior, y decidimos tomar en serio el asunto.
Tras un repaso exhaustivo por toda la vivienda, llegamos a la conclusión, que debíamos buscar ayuda ajena, para intentar resolver el tema definitivamente.
Contratamos los servicios de una persona que se dedica a limpiar y trabajar en chimeneas, ya que a esas alturas, únicamente quedaba la opción que el gato se hubiese caído por la chimenea y estuviera allí atrapado, pero aparecía un nuevo problema, pues él, no podía realizar el trabajo hasta el martes. Si el felino se encontrabaahí, como todos pensábamos, cuatro días encerrado sin comer ni beber y posiblemente herido, las posibilidades de sacarlo con vida, eran prácticamente nulas.
Ante mi preocupación, éste, no sé si para tranquilizarme, aseguró, que de estar el gato aún con vida, no pararía de maullar. No teniendo en este caso, importancia alguna cuándo se efectuara el rescate.
El sábado, fue un día como cualquier otro, sin nada fuera de lo habitual. Nuevamente llegó la noche y con ella, los maullidos desesperados.
En ese momento comprendí que el gato, se moriría.
La impotencia fue tal, que volví a la capital con el ánimo por los suelos.
No sé si para desahogarme, pero tenía necesidad de contar a mis amigos, lo ocurrido el fin de semana y de esta forma, compartir mi situación.
De esta manera, iban pasando las horas, deseando que corriera el tiempo lo más rápido posible, pues por un lado, necesitaba que el martes se adelantara en el puesto de la semana, pero a la vez, temiendo la noticia del fatal desenlace.
Y sí, por fin llegó el momento en que suponía, estaban sacando de la chimenea un gato, pero la incógnita era, cómo.
Por fin llegó la tan ansiada pero temida a la vez, llamada de Félix, quien me comunicaba que incomprensiblemente, el gato estaba vivo y que aún tuvo fuerzas para alargar aún más la salida , haciendo complicado el trabajo, pues no se dejaba atrapar.
¡Qué susto no tendría el minino, para arañar a la persona que le estaba salvando la vida!


Ignoro dónde puede estar, pues salió huyendo como alma que se lleva el diablo, pero a partir de ahora, deberá ser más cauto, pues solamente le quedan seis vidas.

COSAS DE PAQUI


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