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Comienza el verano y con él, las vacaciones.
Con los niños todo el día en casa sin saber qué hacer y para que no se aburran y a la vez, no molesten demasiado, hay que poner en marcha constantemente la imaginación . El calor, que nos llevará a la piscina una gran parte de cada jornada. Sin embargo, se acaban otras cosas como son la tarea diaria de los deberes del cole, y algo, que quizás muchas personas no echen en falta pero que en mi caso, es importante. Me estoy refiriendo a la liga de fútbol, pues no cabe duda que es un enorme aliciente para las tardes del domingo.
Recuerdo cuando era pequeña y escuchaba a Vicente Marcos, Joaquín Prat, Juan de Toro y Juan Vives en el Carrusel Deportivo. Hoy, ah quedado atrás en el tiempo pues son otros los encargados de llevar a buen puerto este estupendo programa de la Cadena Ser como son Paco González y Pepe Domingo Castaños. Al igual que antaño hacía mi padre conmigo, hoy, mis hijos que apenas nada más nacer saben ya lo que es el fútbol son conscientes de que las tardes de los domingos están destinadas a escuchar ese programa de radio. En realidad, ellos mismos manifiestan un interés por el tema, que me hace pensar si no tardando mucho, tendrán ellos, más dependencia que yo.
Precisamente este verano podré matar un poco ese gusanillo porque está el mundial de fútbol de Italia y por tanto se me hará más llevadera la espera de la próxima temporada.
En cuanto al mundial, no es que tenga nada en contra, pero es como leer un libro sabiendo previamente el final, de ahí que no me cause la emoción que un acontecimiento como ese, se merece.
Aunque con poca fe, pero claro, siempre está aquel resquicio escondido muy en el fondo no sé de dónde, pero en definitiva por aquello de que la esperanza es lo último que se pierde, me agarro a ella como una lapa y pienso, que quizás, esta vez sea diferente.
Y con esa espera fueron transcurriendo los días de una estación estival, especialmente calurosa.
Sobre el Campeonato Mundial de fútbol, pasó lo de siempre, es decir, que cremos que nos vamos a pasear por él y como suele ocurrir, ese paseo nos lo cortan en los octavos. Este año ha sido Yugoeslavia que nos gana por dos a uno, pero no nos vamos a engañar. Si hubiera sido otro, habría dado lo mismo.
A pesar de que la evidencia era clara, la desilusión es grande, pero al menos, miro el calendario y observo que el comienzo de la liga, está al caer.
Este año además, existe un ingrediente más a tener en cuenta pues mi hijo mayor, que tiene ya once años, verá cumplido uno de sus sueños que es asistir en directo a un partido de fútbol, y lógicamente, iremos los dos a ver al equipo de nuestros amores.
El domingo mágico llegó y tengo que confesar que no sé quién de los dos estaba más nervioso.
La sola idea de pensar que lo que tantas veces había escuchado por la radio, esa tarde estaría allí, viendo en directo lo que mi imaginación repetía cada fin de semana, contribuía a que el tiempo corriera más lentamente.
Con unas prisas innecesarias metió mi hijo unos bocatas y un montón de ilusiones en su mochila y pusimos rumbo al Calderón.
La estampa que encontramos nada más salir del metro de Pirámides era fascinante. Una marea roja y blanca por todos lados. Puestecitos con las cosas más insospechadas. En definitiva un ambiente festivo que para quienes no les fuera en nada el tema, no tenían por menos que compartirlo.
Desconozco si a todos les ha ocurrido lo mismo, pero a mí, la emoción que sentí cuando entré al campo fue tal, que estaba envuelta en un mundo desconocido en el que sentía lejanamente un murmullo de voces, pero que hasta pasado unos minutos no tuve conciencia de la grandeza del momento.
Nunca pensé que la imaginación se quedara tan corta. El ambiente era tan espectacular, que ni en un sueño me podría haber imaginado esa realidad.
No sé si disfruté más con lo que pasaba en el césped, que a decir verdad fue poco y malo o con los vecinos que tenía alrededor mío, con las canciones, ocurrencias, auténticas barbaridades que sin ningún tipo de reparo lanzaban por doquier.
El caso es que los minutos pasaban y antes de parecerme que eran eternos, se pasaron en un suspiro, deseando que aquello no se acabara. Lo que tengo muy claro es que la emoción sentida hoy, perdurará en mi recuerdo como un día de ensueño.
COSAS DE PAQUI