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Ésta, es una historia verídica que sucedió el 26 de enero de 1986 en la que he modificado el nombre de los protagonistas pero que los hechos aqí narrados son ciertos prácticamente en su totalidad...
En aquella fría y lejana noche del 26 de enero de 1986, cinco jóvenes estuvieron a punto de dejar la vida en el helado asfalto de una carretera comarcal que une dos localidades próximas a Madrid.
Eran tres chicas y dos chicos que salían de una discoteca alrededor de las diez menos cuarto de la noche y entre risas y bromas uno de ellos, Alberto, que tan solo llevaba quince días con el permiso de conducir en el bolsillo y viendo que las chicas habían perdido el tren que las llevaría al pueblo vecino donde vivían, les dijo:
-No os preocupéis, yo os acerco. No tardamos nada ya que está aqí al lado... -y mirando a su amigo añadió:
-¿Te vienes, Carlos?
El muchacho asintió y los cinco se subieron al auto.
No habrían circulado más de diez minutos cuando, en décimas de segundo, el vehículo derrapó con una placa de ielo y se salió de la carretera dando varias vueltas de campana...
Todos salieron como pudieron, bueno, todos no... El conductor tenía un hombro dañado levemente pero pudieron más sus nervios y ayudó a salir a Lara y Elisa. Por su parte, Carlos estaba ileso aunque un poco aturdido.
-¡Dios mío, Blanca, Blanca! -exclamó Lara al ver que la otra chica, de sólo quince años de edad, permanecía inmóvil en el interior del vehículo con un profundo corte en la cara.
-¡Está muerta, está muerta! -exclamó Elisa y al intentar salir hacia la carretera para pedir ayuda perdió un zapato y no tuvo más remedio que quedarse al lado del coche.
-¡No la dejéis sola! -gritó Alberto mientras corría al pueblo más cercano.
Los otros tres se quedaron al lado del coche esperando, una espera que les pareció interminable.
Habla Alberto.
En el ospital del pueblo de al lado relaté lo que había sucedido y enseguida enviaron una ambulancia.
A las diez y media avisaron a mi familia y al verlos, sufrí un ataque de isteria y no paraba de gritar que había matado a una chica...
Cuando vi llegar la camilla donde portaban el cuerpo de la joven, me lancé hacia ella para comprobar si aún vivía pero claro está, no me lo permitieron.
-Está en coma y puede permanecer así días o incluso semanas -dijo una doctora.
Habla Carlos.
Vi, ya en el hospital, a Alberto levantando una mesita de mármol... Estaba desquiciado y tuvieron que suministrarle un tranqilizante.
Me acerqué a los padres de Alberto y también habían llegado los de Elisa y Lara. Les conté lo ocurrido y después salimos del hospital e icimos los trámites que suelen hacerse en un accidente de tráfico...
La madre de Lara nos contó a Elisa y a mí a solas, que ésa era la primera noche que dejaban salir a su hija porque normalmente sólo le daban permiso para salir por la tarde.
Lara no podía tomar bebidas alcohólicas pues padecía una enfermedad del sistema cardiovascular y respiratorio.
-Es nuestra única hija y no sabemos si cumplirá los dieciocho años porque está muy enferma aunque no lo parezca -dijo el padre conmovido, la madre lloraba todo el tiempo.
Habla Lara.
Mi mejor amiga era Blanca. Habíamos estudiado juntas en el mismo colegio y no podía soportar la idea de que ese estúpido accidente la alejase de mí para siempre...
La quería muchísimo y me ayudó mucho cuando peor lo he pasado por culpa del asma y mi enfermedad coronaria.
Era casi una niña, quince años, tan solo uno menos que yo ...
Repetí en voz baja varias veces estas palabras aquella trágica noche mientras estuvimos en el hospital:
-Blanca, sálvate aunque sólo lo hagas por mí...
Aquella noche le pedí a Dios que que me llevase a mí en lugar de Blanca... En aquellos momentos no tenía miedo a morir...
Habla Elisa.
Los días pasaban, la semana iba transcurriendo con relativa tranqilidad y la ilusión fictícia de que el accidente había sido sólo un mal sueño... Sin embargo, ahí estaban las indiscretas gentes del pueblo para recordárnoslo continuamente y sobre todo, estaba Blanca, todavía en estado de coma.
Permaneció un mes así y tuve el enorme privilegio de estar presente en el momento en que regresó de su letargo...
Había ido a visitarla junto con Lara y Carlos . Nos dejaban entrar de uno en uno y yo entré la última.
Me senté al lado de la cama y le acaricié suavemente el brazo que tenía un poco al descubierto... De pronto, sus ojos se entreabrieron y me miró confusa.
-¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado? ¿Quién eres...? -Dijo en voz muy baja, casi imperceptible.
Avisé a los médicos y me confirmaron que había superado el coma favorablemente.
Inmediatamente llamamos a Alberto para comunicarle la excelente noticia pues estaba realmente preocupado por la evolución de la chica.
Habla Blanca.
Han pasado ya catorce años desde aquel terrible accidente. A mí me ha costado mucho superar las tremendas secuelas físicas y psicológicas que me dejó pero gracias a Dios, hoy ya vuelvo a ser esa chica normal y corriente que antes era y aquel suceso es ya solamente un recuerdo casi desdibujado en el tiempo.
Dos años después del accidente, en noviembre de 1988, Lara murió a causa de su enfermedad que se le complicó con una neumonía...
En el verano de 1997 me casé y vivo muy feliz.
De Elisa sólo sé que también se casó, creo que en 1992, seis años después de la tragedia, y tiene dos hijos, niño y niña, creo que mellizos.
A Carlos le costó mucho aceptar la muerte de Lara porque la quería muchísimo. Probablemente, si no hubiese fallecido hoy tal vez vivirían juntos.
Un día Carlos me contó que cuando yo estaba tan grave, Lara pidió a Dios que se la llevase a ella en vez de a mí... Se podría decir que cambió su vida por la mía.
Supe, también porque Carlos me lo contó, que en diciembre de 1990, se casó Alberto y que tuvo una hija...
En fin, supongo que aquella experiencia nos ha enseñado a valorar mucho más la vida,particularmente a mí que estuve a punto de perderla.
La fecha del 26 de enero de 1986, ha quedado grabada a fuego en mi memoria porque ha supuesto un antes y un después aunque, posteriormente al transcurso de los años vendrían fechas que sin duda, han sido mucho más señaladas que ésta y que también han marcado un antes y un después en las vidas de los seres que amo.
Esta narración fue escrita en enero de 2000, una fría tarde mientras evocaba los lejanos recuerdos cercana la fecha del 26.