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Salón de Lectura

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>Walter Auditore.

Un Recuerdo Inolvidable.


Ocho de diciembre, como todos los años nos encaminamos con Vilma mi esposa.
¿Adonde voy?
Solo unas cuadras de nuestro hogar. Hasta la Plaza de la Armada antiguamente llamada Virgilio Punta Gorda.
Un hermoso lugar de nuestra costa Montevideana. En esa rambla amada hasta el delirio por casi todos los Uruguayos. Regalo de una naturaleza pródiga con nosotros. Desde ella y en donde está emplazado el monumento a los Caídos en el Mar. Esta punta ramificación de la Cuchilla Grande del Sur. Esta se eleva unos 15 metros sobre el nivel del mar. Hoy recortada por una rambla que la circunda. Puedo decir que en su primitivo estado el mar besaría sus pies. Desde su altura La vista se extiende y se pierde en un horizonte sin fin, hasta que el cielo y el mar se funden en un abrazo. Observando con la vista hacia el oeste se divisa toda la costa desde esta Punta hasta Punta de las Carretas (llamada en principio Punta Brava).
No he acertado con el abrigo suficiente, un viento continuo desde el sureste que hace temblar. Llegamos descendemos cuatro escalones, una explanada con caminos y enjardinados, un muro que nos sirve de apoyo y nos acoge. Ambos tomamos asiento, ya hay varias familias y pequeños grupos aquí y allá.
Subo el cierre de la campera lo más arriba no es suficiente, reniego por no haber dado con el abrigo justo. Es temprano, faltan casi dos horas para el acontecimiento.
Vilma saca los prismáticos del estuche, hace un paneo. Divisa en el horizonte a unos grandes buques. Estos a la espera de un lugar en el puerto. Recorre la rambla en toda su extensión, fija su vista en el edificio Panamericano. Esa será su referencia, a su izquierda y atrás lo verá. Decide comprar unos maníes calientes, en verdad un café abría sido mejor. El sol ha regalado sus últimas claridades y se oculta tras un cielo encapotado. La noche empieza a tender su manto de oscuridad . Los grandes barcos prenden sus luces, se encienden miles de focos, los edificios se iluminan y en la reververencia tiemblan y parecen dar cientos de guiños. El faro de Punta Carreta comienza su diaria y añeja tarea de señalar a los barcos del peligro de sus aguas circundantes. Poco a poco van llegando más personas. Vilma Me comenta al acercarse un grupo de jóvenes, traen una bolsa de bizcochos y unos refrescos. Me dice esa joven que bonita con un Jean y un body, su panza al aire y escotada. Un escalofrío, recorre mi cuerpo, luego agrega hay un chico de bermudas camiseta y hojotas. El frío ya me hace tiritar. Muchas personas van llegando. Unas con termo y mate otras con sillas, lonas etc. Niños de todas las edades. Los más chicos corretean de un lado a otro. Toda clase de comentarios llenan mis oídos. Una voz le dice ha sus acompañantes.
- ¡quise grabar una música y no pude! Otro habla por teléfono,
- - ¿A que no sabes donde estoy?
- Vilma me dice al escucharlo en la Punta Gorda de camisita de manga corta y con un frío de novela. Me ha hecho reír pero no me ha sacado el frío. La cuenta regresiva se acerca, la controlo pulsando mi reloj minuto a minuto. Son las 22 horas. Una ovación y el espectáculo comienza. Aplausos y exclamación de júbilo , los pequeños apenas le dan importancia solo algunas miradas al requerimiento de sus mayores. Los más grandes sí los miran. Pero el espectáculo en realidad lo disfrutan los mayores. Expresan su agrado y alegría estos sí como verdaderos niños. Comentan cada uno de los artificios y los describen como sí no se vieran. Mira que hermoso ese azul es divino y aquel rojo estupendo y así sus formas altura y colores. El tiempo transcurre sigo sintiendo el frío, pero un gran aplauso, y unas exclamaciones me dicen esto ha terminado.
- Desandamos el camino y los cuatro escalones nos devuelven a una calle atestada por una verdadera multitud. Es increíble la cantidad de gente y vehículos de toda clase y forma, autos, camionetas bicicletas y motos. Es tanto el caos que hasta tuvo que acudir un patrullero. De regreso a casa y ese calorcito del hogar. Vilma se dispone a preparar la cena y yo me reengancho ha tomar unos mates. Prendo mi computadora y nace esta nota. Se preguntaron acaso el porqué los comentarios eran siempre de mi señora. Sabe usted es que no me he perdido de ir ni un solo año a ese suceso . Sí 10 años con éste, siempre con ella y cuando todavía estaban mis hijos en el país. Es que soy una persona ciega, pero mi gran imaginación y una prodigiosa memoria visual hace que en realidad goce y disfrute con todo ese entorno.
- ¿Qué como es eso?
- Fácil no he sido ciego toda mi vida, solo hasta 1992. Por lo tanto se de que se trata y todo lo que Vilma en su paneo con los binoculares vio. Esa estenografía está grabada y dentro de mí desde la lejana infancia. Es más estos fuegos artificiales serán cada año mejores y más bonitos pero nunca superarán los que mi mente crea. Saben ustedes porqué, es que las personas ciegas como en mi caso, tenemos la dicha de elegir y buscamos la opción para que cada ocasión sea la más bella. Sea éste un amanecer, un cielo estrellado, o una hermosa rosa aterciopelada bañada con unas gotas de rocío matinal. O una puesta de sol la más grandiosa que haya visto etc. Por lo tanto los fuegos artificiales de la noche de las luces para mi fueron inmensamente extraordinarios a pesar del frío. A cada comentario de colores y formas que mis oídos recibían enseguida en mi mente se recreaba uno mucho más grande y bonito. En fin una linda velada, tal ves el año que viene no me encuentre en estas latitudes, pero donde quiera que esté en diciembre segundo sábado mentalmente me sentaré en la Plaza de la Armada es Plaza Virgilio y veré los más hermosos fuegos artificiales del mundo.