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Salón de Lectura

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Cristina Ferreiro

¿DÓNDE ESTÁN LOS DÍAS NORMALES?

No, aquellos días normales de los que hablaba y escribía tan sólo hace unos meses, ya no existen… Se han ido con él.
Ahora bajo a la calle y allá, veintiún metros arriba sólo queda el niño.
A las seis y media suena mi despertador… sí, esa cosa horrible que alguien inventó para martirizar a las buenas gentes trabajadoras. Cuando salgo del baño, ya arreglada, oigo la alarma del móvil de mi enano. Es la voz odiosa de Shinchán cantando: ¡vamos al cole!
Le dejo el desayuno preparado y dándole un beso y pidiéndole que tenga cuidado, que no se olvide la mochila en casa, que atienda en clase y que no hable en ésta, me voy.
Después, mi llamada recordatorio a las ocho menos diez y la suya perdida, ya desde el ascensor para decirme que está todo OK y que se marcha al instituto.
Mis pasos ahora no son como los de hace unos meses. Ahora son más lentos, más silenciosos y creo que, mi reina mora se pone algo triste porque, tampoco ahora le hablo ni le tarareo como antes.
Algunos amigos me dicen que, aunque siempre le recordaré y le querré, que quizá con el paso del tiempo, este dolor se suavice y no me cueste tanto tirar y mirar hacia delante. No lo sé. De momento sigo metida en el túnel y sin ver luz al final.
Tampoco cruzo el puente andando. No, ahora subo al autobús por culpa, dicho se de paso, de mi granaino. Él un día me dijo:
-Mamá, por favor. No vayas tú sola por el puente tan temprano. Imagínate que tienes un mal encuentro y no hay nadie para ayudarte.
-Joer, -le contesté yo- ¿y por qué demonios voy a tener un mal encuentro?
El caso es que, a los pocos días, decidí ir en el autobús, por lo menos hasta que llegase la primavera o el verano y las mañanas con su luz, llegasen antes. Y esto, todo por culpa de mi granaino, claro está.
Nadie quita la radio cuando yo estoy casi grogui, es decir, cuando casi he caido en los brazos de Morfeo. La programo para que se desconecte ella sola. Tampoco ahora nadie me da un beso y, aunque al acostarme siempre mi mano le busca a él y sólo encuentra el vacío….se me escapa como en una oración, se me escapa en un lamento… en un murmullo: te quiero papá. Buenas noches.


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