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Allá, en el rincón del salón, permanece la guitarra dormida. Hace ya muchos días que las manos que la tocaban, que la acariciaban y le hacían soltar esas notas flamencas, no están. Ella, ha esperado ansiosa pero, se ha cansado y se ha quedado dormida.
El piano, no entiende nada. Hace unas pocas semanas, él se sentaba y pasaba sus manos con delicadeza a veces, con prisa y fuerza otras. en algunos momentos, esas melodías le hacían soñar al igual que a su compañera; en cambio en otras ocasiones, ambos reían ante el experimento musical que le habían arrancado al piano.
El charango no sale de su asombro. Mira a su alrededor y no puede creerlo. Tanto la guitarra como el viejo piano están dormidos. Pero. ¿a dónde se fue el hombre? Sí, ha visto como ella ha entrado, ha acariciado unos segundos los instrumentos de su compañero y después, con lágrimas que quiere retener pero no puede, sale suspirando del salón musitando una y otra vez su nombre. No, no entiende nada. ¿Por qué esas lágrimas? ¿por qué ese silencio? ¿por qué esa ausencia?
En un cajón que la mujer olvidó cerrar ve flautas, kenas, ocarinas y más instrumentos de los que no recuerda el nombre. También ellos están dormidos. Han de despertar. Quizá el niño, algún día entre allí y quiera acariciarlos. quiera sacar notas de sus almas y ellos, han de estar preparados. No pueden fallar ni al hombre, ni a su compañera ni, por supuesto, al pequeño.
Una vez, recuerda haberle visto sentarse al piano, igual que hace unos días su padre. Ha deslizado las manos por las teclas y ha murmurado:
-¿Lo ves papá? Yo también sé acariciar el piano. Quizá, cuando sea un poco más mayor,consiga tocar los instrumentos como tú.
Después, se ha levantado y ha salido del salón.
-¡Eh, guitarra, despierta! -llama el charango. ¡Piano, despierta tú también! ¿Qué os pasa?
Nada, que ni se mueven ni se enteran. Calla porque ve entrar otra vez a la mujer. Esta vez, se acerca al cajón y toca con mucha delicadeza los instrumentos que ella llama "serie andina". -¡Mamá! -llama el pequeño.
-Estoy aquí, cariño.
-¿Ya no te pone triste tocar las cosas de papá?
Abraza a su hijo y contesta-
-mira, son sus queridos instrumentos. ¿qué vamos a hacer con ellos?
-Mamá, yo no quiero que estés triste y papá, seguro que tampoco quiere. ¿Por qué ya no escuchas música? ¿por qué no cantas? ¿te acuerdas cuando él tocaba la guitarra y te decía: a ver cariño, ¿qué cantamos?
-Sí -contesta su madre. Claro que me acuerdo.
-Seguro que papá puede vernos desde el sitio en el que esté y querrá verte contenta y feliz. Tienes que escuchar otra vez música. Dile a ese amigo tuyo que se llama Endonech que te mande música sin que se entere las Gae. A mí esas canciones me parecen horribles pero, como a ti te gustan. ¿Cómo es la canción que papá le cantaba a la abuela?
-"Un jamón yo tuve en la vida, que un tendero me quiso fiar, te lo comiste tú, suegra mía, y ni el hueso me diste a probar. Suegrecita del hambre canina, en mi techo yo tengo un jamón, no lo trinques, por Dios suegra mía, que es tu yerno, que al fin se colgó. ¡Buuuaaaaaa!"
Sonríen con el recuerdo.
-¿Y la que cantásteis de querer ser otra vez niña?
-"Quisiera, hacer realidad mi viejo sueño, de un mundo, que ayer, cuando era niña imaginé. Quitarme desvelos en las noches que no duermo, por tanta nostalgia de cosas que ya no van a volver. ¿Dónde estarán, los amigos que tuve en la infancia? ¿Dónde andarán, que de ellos no supe más nada?
El hijo abraza a la madre y ésta, intenta besar al niño pero éste ha crecido tanto que ella tiene que ponerse de puntillas.Él, se ríe y se arrodilla.
-ale mamá, ya puedes darme un beso.
Ambos ríen y ella no puede evitar el pensar una vez más:
-Papá, tenías que estar aquí. tenías que estar aquí.
Salen del salón. Los instrumentos han escuchado el diálogo, incluso el piano y la guitarra que al final, se despertaron. Todos se secan una lágrima y se ponen de acuerdo para ayudar a sus nuevos dueños. a las nuevas manos que, están seguros, pronto les acariciarán y les sacarán también, como el hombre, notas musicales que acarician los oidos. los sentidos..
¿Por qué lloramos Granada, Si él, ahora, puede ver desde el Albaicín su Alambra iluminada?