Saltar al menú de Navegación

Salón de Lectura

¡-tac, -tac, tac; se puede!. ¡Bienvenido!, -entra, siéntate y disfruta de la lectura, gracias por tu visita

Cristina Ferreiro

VUELTA AL PASADO


Cuando bajó del autobús, se quedó parada en la acera y mirando a su alrededor.
¡Veintidós años! Habían pasado veintidós años. Y de pronto se sintió perdida allí, en aquella ciudad, en aquel barrio con el que llevaba soñando más de dos décadas. En aquel momento se arrepintió de haberle dicho a él que la dejase sola… que por favor, no la acompañase. Le necesitaba… Pero, no… no le llamaría… No, porque entonces siempre pensaría que había actuado como una cobarde. Ahora serían las cinco de la mañana en San Telmo. Le imaginó durmiendo allá, en Buenos Aires, en Argentina, y nunca este país le había parecido tan lejos, nunca el Atlántico le pareció tan enorme.
Movió la cabeza en un gesto negativo.
-He querido venir yo sola, enfrentarme a mis recuerdos yo sola…. Y eso… y eso es lo que voy a hacer.
Miró el cielo cubierto de nubes. Era un día típico de otoño. Afortunadamente, esas nubes retenían la lluvia y no la dejaban caer pero, como se había olvidado elparaguas, antes o después…. Caerían “chuzos de punta”, como decía su sobrino.
Encogiéndose de hombros, inició su paseo hacia el pasado.
Sus pasos eran lentos, calmados. Si Pablo o alguno de sus amigos la viese en aquel momento abrirían los ojos de par en par extrañados de esta calma, de esta lentitud al andar. Sí, quería llegar a la calle pero… tamién le daba miedo. Porque, estaba segura de ello, aquélla, ya no sería su calle. Aun así, quería, debía hacerlo. Fue uno de sus sueños a los diez años cuando se fueron huyendo de la dictadura. Ella, entonces, no sabía lo que esto significaba. Ella, entonces, sólo entendía que laseparaban de sus amigos, de su casa, de su calle y sobre todo… la apartaban del zapa Tomás.
Levantó la mirada y se fijó en una pastelería que había en la esquina.Y recordó aquellas raras tardes en las que su madre, les daba dinero a su hermana y a ella para comprarse una onza de chocolate para merendar. La compraban en la tienda del señor Fermín.
-Cielos –pensó- el señor Fermín. Siempre con su cigarro colgado de los labios, siempre con el lápiz sobre la oreja….
Se paró y respiró hondo. Ya estaba allí. En cuanto girase la esquina, entraría en la calle Alondra… en su calle.
Nadie seguramente, entendería estos nervios y este miedo… sólo Pablo pero, ahora él, estaba lejos. Denuevo, movió la cabeza en un gesto negativo. Respiró hondo y por finentró en la calle.
Sus ojos buscaron la zapatería, pero, éstaya no existía.sintió que elcorazón durante unos segundos perdía su ritmo. ¡Qué tontería! Deseó con todas sus fuerzas verle allí, sentado y con la cabeza inclinada sobre sus zapatos. Pero él, su querido zapa Tomás ya no estaba… Y quiso pensar y creer que después de esto había algo… necesitó pensar y creer que su amigo estaba ahora con su hija; por fin era feliz y nunca más volvería a estar triste.
Sesecó una lágrima atrevida que le resbalaba por la mejilla. Suspiró y en ese suspiro, sacó fuera su pena, su gran tristeza… su rabia porla llegada tardía a España.
Siguió adelante sin mirar atrás.
Las casas, ya no eran las que había entonces, claro. Las de ahora, eran pisos altos y no esas casitas bajas con sus puertas demadera y a las que tanto ella como sus amigos, llamaban todos los días para preguntar si tal o cual salía a la calle a jugar.
-No pude despedirme de nadie… Huimos como si fuésemos ladrones o asesinos… No pude decirle adiós a nadie. ¿Qué dirían mis amigos? ¿qué pensaría en el primer momento, el zapa Tomás? Seguro que creyó que, como su hija, también yo le había abandonado..
Continuó andando, despacio, sin prisa…. Y de nuevo, otro sobresalto del corazón. Allí, justo en donde ahora estaba ese bloque de pisos, justo ahí, estaba el solar en donde tanto jugaron y también, justo ahí, estaba la tienda del señor Fermín.
Ya no luchó contra sus recuerdos. Dejó que éstos se apoderasen de su mente y ganasen a su voluntad.

A la niña le gusta pararse en los escaparates de dos tiendas, sólo de dos. Una, la de los juguetes. Allí, al otro lado del cristal haycamiones, balones, peonzas, un aro para rodarlo, una caja de música y, lo mejor de todos, una preciosa muñeca vestida de princesa que, siempre de siempre la mira y le sonríe. Piensa que quizá, cuando sea un poco más mayor, su madre querrá comprársela porque tendrán más dinero que ahora.
-¡Pili, no te pares! –le grita su hermana Marta.
Se acerca corriendo a ella y le pregunta esperanzada:
-¿crees que pronto tendremos dinero y que mamá podrá comprarme una muñeca y un libro?
-No lo sé. A lo mejor sí. Pero ahora, vamos, no te pares más.
De nuevo, al llegar a la otra tienda que le gusta, no puede evitar el quedarse mirando lo que hay dentro del cristal.. “Peter-pan”, “el libro de la selva”, “Las aventuras de Tom Sayer”, “Piel de asno” y su favorito: Bambi. Se queda extasiada mirando a la mamá cierva con su hijito que intenta ponerse de pié. Les rodean pájaros, conejos, zorrillos, otros ciervos y un búho.
-¡Ojalá pudiese comprarme también este libro!
Le gusta muchísimo leer pero, de momento, sólo puede hacerlo en los libros del cole, en el periódico de papá y en lostebeos que una amiga comparte con ella. Pero es que, a la niña le gustaría tener un libro suyo, sólo suyo y que lo entendiese todo sin tener que preguntarle a nadie ésta o aquélla palabra.
-¡Pili, otra vez te quedas atrás!
-¡Ya voy, ya voy!
Y así una tarde y otra, así, un día y otro.

Esta tarde ha oido a su madre y a la señora Emilia que, en el descansillo de la puerta, hablaban de Tomás, el señor que arregla los zapatos. Decían que desde lo de su hija, parece que ha envejecido veinte años, que ya no tiene alegría y que es una pena de hombre. No entiende nada de lo que dicen y por eso, cuando está haciendo losdeberes del cole, le pregunta a su hermana:
-¿Tú sabes lo que le ha pasado a la hija del señor Tomás, el que arregla los zapatos?
-Claro que lo sé. Todo el mundo lo sabe.
-Pues yo soy también el mundo y no lo sé.
Marta da un pequeño bufido.
-Porque tú eres pequeña y no te enteras de nada.
-Sí me entero. Dímelo y ya verás como yo también lo sé y no lo olvido.
De nuevo, su hermana emite un ruido con la boca, le mira y después le cuenta:
-Hace un año que a su hija la pilló un coche y la mató.
Pili está horrorizada y deja de mirar su cuaderno. Sólo mira a Marta.
-Pero eso no puede ser. Los niños no se mueren. Sólo se mueren y van al cielo los abuelos.
-Si tienes un accidente o te pones muy enfermo, aunque seas un niño, también puedes morirte.
-Y entoces… el señor Tomás, ¿ya no puede ver más a su hija?
-Pues claro. ¿Cómo la va a ver si está muerta? Pareces tonta.
Y ahora la niña entiende por qué, siempre que pasa por la tienda de arreglar zapatos, el señor Tomás está triste. Y a ella no le gusta que la gente esté triste. Prefiere a las personas enfadadas porque, por lo menos así, sienten algo. Cuando estás triste todo te da lo mismo.
A la tarde siguiente, cuando a la vuelta del cole pasa por la zapatería, coge unas piedrecitas pequeñas y las tira contra el escaparate. Ve como el señor Tomás, levanta la cabeza sobresaltado y se le queda mirando con esa cara que ponen los mayores cuando no entienden nada de lo que hacen y dicen los niños.
Así pues, vuelve a tirar contra el cristal otra pequeña piedra. El hombre levanta elmartillo que tiene en la mano con gesto amenazador pero, a la niña no le da ningún miedo. Y cuando está a punto de tirar otra, ve que el señor Tomás se levanta y va hacia la puerta.
Pili echa a correr riendo. Al fin ha conseguido enfadarle.
-¡Cómo vuelvas a hacer eso, se lo voy a decir a tu madre y además, voy acortarte la coleta!
Al oir esto, se para y vuelve corriendo.
-Por favor, ¿me cortas la coleta?
Ahora sí que el hombre se ha quedado totalmente sin palabras.
-¿de verdad me cortarías la coleta? Es que yo la odio. Y encima, mamá me obliga a llevar un lacito, como si fuese yo un gato o algo así.
-¡Pili, vamos! -Ésa es mi hermana. Se cree muy chulita y muy importante porque es mayor. ¿Puedo venir mañana? Si no estás triste, no te tiraré piedrecitas al cristal.
-¡Pili! –vuelve a gritar Marta.
-¡Que ya voy, pesada! Bueno señor zapa, mañana vengo. Adiós.
Y echa a correr hacia su casa.
A partir de aquella tarde, la niña mientras merienda, hace los deberes del cole. Sale después y se mete en la zapatería. Allí está su amigo, siempre con la cabeza inclinada y dando pequeños golpecitos en el zapato que tiene en las manos . Se queda un rato hablando con el hombre, preguntándole, comentándole cosas que no le cuenta a nadie. Son sus secretos… sí, los secretos que el zapa tomás y ella comparten.
-Pero, vamos a ver –le dice una de aquellas tardes Pili a su amigo- ¿por qué sólo podemos jugar con las niñas y con los niños no? Si todos somos amigos… ¿por qué no podemos jugar todos juntos?
-Pero, ¿quién te ha dicho que no lo hagáis?
-La seño de religión. ¿sabes lo que es la religión? –pregunta la pequeña.
-No –contesta muy serio su amigo.
-Bien, pues es una cosa en donde te explican quién es dios, ¿qué hacía durante la semana? Las cosas mágicas que hacía para curar a la gente… Todo eso.
-Ah, ya… ya entiendo mejor lo que es la religión.
Pili ya no quiere hablar de ese tema y cambia. Se mira los pies. Éstos, se balancean y ella intenta rozar con la punta el suelo pero no lo consigue.
Zapa Tomás ¿Cuántos días crees que tienen que pasar para que llegue al suelo sin hacer trampa?
El hombre se fija que son más de diez centímetros.
-Bueno, creo que aún te queda un poco. Pero, no te preocupes. Voy a traer una silla más baja y así llegarás.
-¡Noooo! Eso no podemos hacerlo porque entonces no me enteraré si he crecido o no. Quizá cuando pasen algunos días, ya lo habré conseguido.
Y el hombre sonríe. Sabe que es inútil explicarle que será más tiempo el que haya de pasar.
Otra tarde, Pili le pregunta a su amigo:
-¿Conoces a Franco?
-¿a Franco? ¿quién te ha hablado de él?
-Nadie. Sólo que he oido a papá y a mamá decir que…
-Decir ¿qué?
-Pues que ese Franco es muy malo y quieremeter en la cárcel a mi padre o matarle.
-¿Pero niña! ¿qué cosas se te ocurren?
-No, a mí no. Lo decía mamá y papá le contestó que ya faltaba poco. Pero… zapa Tomás… ¿para qué falta poco?
El hombre tiene una vaga idea de lo que es pero, prefiere no meter en aquella cabecita inocente, escenas posibles o muertes probables. Por eso, intenta cambiar de tema.
-Bueno, ahora dime ¿qué tal fueron las notas de los exámenes? ¿no te las daban hoy?
-¡Ah, sí! –grita la pequeña, levantándose de la silla y dando pequeños saltitos.
-En todo he sacado diez menos en religión que la maestra me tiene manía y me puso un cinco. Cuando le he enseñado a mi padre la cartilla de las notas no me ha reñido ni nada. Ha dicho que muy bien y que siga así. Ja, si supiese que en religión estoy casi siempre castigada…
-¿Por qué? –le pregunta extrañado Tomás.
-Porque yo no quiero ir a misa todos los días. Dice que quien no vaya, el demonio cualquier noche vendrá y nos llevará al infierno.
-Ahí irá ella de cabeza –murmura el hombre.
-¿Qué has dicho?
-Nada. Que eso son tonterías. No conozco a una niña más obediente y tan buena como tú.
Y Pili está a punto de preguntarle si su hija era también muy buena pero, seguro que él se pone triste y ella no quiere eso.

Una noche a la niña le despierta su madre.
-Vamos Pili. No hables ni hagas ruido. Vístete corriendo porque nos vamos de viaje.
-¿de viaje? ¿a dónde? ¿a casa de la abuela Marta?
-No. Nos vamos un poco más lejos. Ya verás cómo te diviertes y lo pasas bien. Incluso, vas a subir en un barco.
-¿Hay barcos cerca de aquí? ¡Vaya, yo no lo sabía!
-Venga. Deja de preguntar y arréglate enseguida.
Salen a la calle, despacio, sin hablar… sin hacer ningún ruido. Y ella, no sabe por qué, piensa que están huyendo. De pronto, mira la puerta de la zapataría. Si tarda algunos días en volver, el zapa Tomás pensará que también ella se ha ido y le ha dejado solo, como su hija. Rápidamente, se quita el lazo blanco del pelo. Saca del bolsillo de su abrigo el papel y el lápiz que siempre lleva guardado para urgencias o momentos especiales y escribe:
“Zapa Tomás, yo no me he muerto. No estés triste porque pronto volveré. Te quiero mucho y eres mi mejor amigo.”
Y antes de que nadie pueda impedírselo, corre al otro lado de la calle y por una pequeña abertura mete el papel. El lazo lo enrolla en el picaporte de la puerta. Y de nuevo vuelve corriendo al lado de su familia. Todos han visto lo que ha hecho pero ninguno le ha reñido ni dicho nada.

Apenas tiene recuerdos de esa noche ni de los días siguientes. Sí, recuerda un barco, las lágrimas de su hermana y de mamá y las suyas propias aunque no sabe exactamente por qué lloran Ellas.

Después a los días les suceden las semanas. A éstas, los meses y después, un año y otro.

Se seca las lágrimas que no ha podido reprimir.Ahora ya entiende el por qué de las cartas devueltas, las llamadas sin respuesta… el viaje que debió hacerun mes atrás pero, que al final, hubo de cancelar por el pequeño accidente de Pablo con el coche.
Cuando su hermana le escribe y le da la noticia, entonces sí vuelve a España con el corazón latiendo fuerte lleno de ansiedad y pidiendo no llegar tarde. Pero, sí…. Fue ya tarde.
Se levanta del banco en donde se sentó e inicia el camino del regreso… el camino de la vuelta. Atrás quedarán sus recuerdos, sus sueños y deseos infantiles, su cariño por aquel amigo del que no pudo despedirse. Y mientras se aleja, tarareatristemente, una canción que su hermana canta y que a ella, a fuerza de escucharla, también se le ha metido dentro

Ya nada es lo mismo. ¡Cómo cambió todo desde mi niñez! No están mis amigos en el viejo sitio donde me crié….


¿Te ha gustado esta sección?