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Salón de Lectura

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ENRIQUE JULIO GUASTELLA

JUSTICIA ARGENTINA



ESCENA: REPÚBLICA ARGENTINA, UN BARRIO CUALQUIERA DEL CONURBANO BONAERENSE

Corrían los últimos años de la década del 70, década Infame si las hubo, donde la desaparición de personas defensoras de los derechos humanos y justicia social, a manos de fuerzas represoras del estado, era moneda corriente.
Uno de esos grupos, al mando de uno de los represores más sanguinarios, tenía asignado secuestrara una joven mujer de nombre Justicia Argentina.
Ella vivía sola en una casona antigua, cuyas amplias ventanas estaban tapiadas, con un pequeño y desprolijo terreno a su frente, que le daban al lugar un aspecto de abandono.
Se la veía por las noches, siempre sola, su andar cansino, sus ropas oscuras, la palidez de su rostro, sus profundas ojeras y un extraño cabello canoso la avejentaban y le daban un aspecto misterioso, que la alejaban de todo contacto con sus vecinos.
Eran las 2 hs. de la madrugada, cuando este grupo se introdujo violentamente, en el domicilio de la indefensa joven, quien se entregó sin oponer resistencia.
El interrogatorio comenzó de inmediato.
Mientras algunos revolvían y destrozaban todo, El represor tomándola de su cabellera, le asestó un fuerte golpe en el rostro, sin que ella esbozara el mínimo gesto de dolor, a pesar del profundo corte que le produjo sobre el arco superciliar izquierdo, del que no sangró ni una gota.
Este delicado personaje dijo:

- Así que vos sos Justicia Argentina. Ahora vas a ver como me paso por las pelotas a la justicia.

Este horario nocturno, era el preferido para actuar al amparo de las penumbras.
Así fue que a los golpes, la introdujeron en un automóvil, partiendo raudamente.
El represor que se había ubicado en el asiento trasero junto a la joven y uno de sus secuaces comenzó a manosearla quedando perplejo por la frialdad de su cuerpo y sus extraños ojos amarillos rojizos que emanaban un penetrante rayo que lo dejó inmóvil y sin visión por un instante.
Apenas se repuso de su sorpresa dijo con tono amenazante:

- Vos sos de los que aún creen en la justicia.

Siguió hablando y dijo:

- Claro que con ese nombre seguro creías que siempre estarías a salvo.

El represor insistió:

- No tienes miedo de morir ahora mismo.

La joven mirándolo fijamente, le contestó sin titubear con un rotundo “NO”.

Cuando el rostro del represor se desfiguraba por su bronca y furia, un inmenso camión, que avanzaba por la mano contraria, se desvió pulverizando al auto con todos sus ocupantes, salvo a la joven que, envuelta en su oscura ropa y al amparo de la noche se desplazó como flotando en el aire llegando hasta un mástil que estaba en el lugar del accidente, mimetizándose envuelta en La Bandera Argentina ante la mirada de los sorprendidos testigos.


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