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Salón de Lectura

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Manuel Enríquez

Romanza del Príncipe Diego.

Era una noche de junio

era una noche templada

que a la luz de las estrellas

dos amantes se miraban.

entre suspiros y risas

fuera así como se hablaban.

Yo te amaré para siempre

que por ti perdiera el alma

que a pesar de nuestros padres

por tu amor todo dejara.

¡Callad no me torturéis!

Vuestras palabras me inflaman

vuestras caricias me turban

vuestros besos me arrebatan

¿No veis que mi padre el Rei

nuestro amor no perdonara

y que si nos descubriera

a muerte nos condenara?

Dejadme por Dios mi vida

con el pesar en mi alma…

Y después questo dijeran

unos pasos se escuchaban

y del profundo del soto

fuera el Rei quien los hallara.

-¡Vive Dios que sois bellaco!

moriréis por esta infamia!

Daquesto se enterarán todos

vuestra verdad revelada.

Que vos ya no sois mi hijo

que veros así me espanta

quitada la camisola

y con las calzas bajadas

con el culo puesto en pompa

y el escudero a tu espalda

apretando entre tus nalgas

lo que en la bragueta guarda.

¡Marchad pronto de mi reino

ques el Rei quien os lo manda!

Y mientras el príncipe Diego

con las nalgas irritadas

monta en su caballo tordo

dijo el Rei a sus espaldas

Y vos, gallardo y buen mozo,

escudero de mi alma

seguid con la lanza enhiesta

porque pronto me hará falta.